Aborto e Hipocresía Chilena

Embarazos no deseados durante el confinamiento ¿Dónde está el Misotrol?

Un estudio del instituto Guttmacher reveló que por el impacto del COVID-19, habrá tres millones de abortos en condiciones de riesgo, alrededor de 15 millones de embarazos no deseados y 28.000 muertes de personas gestantes. Además, de que 49 millones de mujeres y niñas tendrían problemas en el acceso a los anticonceptivos.

La realidad chilena no escapa a lo informado por este instituto más bien es el ejemplo canónico de la negligencia, la discriminación y el disciplinamiento sobre el cuerpo de las mujeres. La crisis respecto a la salud sexual y reproductiva es anterior a la misma pandemia como todes sabemos; sin embargo, cabe destacar que en enero de 2020 a dos meses de que se iniciara la crisis sanitaria ya se alertaba sobre la escasez de Mifespristona, que junto a Misotrol son considerados medicamentos esenciales por la OMS en el uso del aborto terapéutico. El cual es una de las tres causales en Chile de la LEY NÚM. 21.030, que además especifica que las mujeres que califiquen y deseen interrumpir su embarazo se les recomienda el uso de dos medicamentos Misotrol y Mifespristona.

De acuerdo a lo anterior, el doctor Gonzalo Rubio perteneciente a la Red de profesionales por el derecho a elegir, que coincidentemente es el primer médico en realizar un aborto legal en el país señala: “… la falta de Mifespristona, hace que el proceso (aborto) sea hasta un 40% más largo y tiene menos probabilidades de éxito.” En otras palabras, después del deshumanizante proceso de selección requerido por la ley, la mujer debe tolerar la prolongación del proceso abortivo por la escasez del medicando extendiendo su agonía de 8 a 23 horas aproximadamente.

Un primer análisis de la situación admite un juzgamiento temprano de la ineptitud de los mercenarios ministros de salud del periodo Piñera. Pero una segunda mirada nos permite advertir un acto político sobre las mujeres que se acogen a ley, y sobre la soberanía de sus cuerpos. La escasez de medicamentos, es una exacerbación de la violencia del estado y su deseo enfermizo de “vigilancia” sobre el cuerpo de las mujeres, que obliga a parir o abortar sufriendo.

¿Qué significa que no haya Mifespristona? Significa hacer del proceso abortivo un tránsito tortuoso de contracciones, sangrado e incertidumbre. Lo que violenta nuevamente a las mujeres que ingenuamente han buscado el amparo de una ley que no las representa ni en sus demandas ni en sus necesidades, aunque constituya una opción. Fundación Miles ha reportado que desde el 2017 a marzo 2019 alrededor de 1000 mujeres se han acogido a la ley de tres causales, solo un grupo minoritario es el que se acoge a la causal de violación. No es de extrañarse que en este país ejemplo de todos los males de la sociedad patriarcal, la violación debe comprobarse, verificarse, fotografiarse, y especialmente demostrarse.

La hipocresía de un gobierno que te permite abortar bajo sus reglas, pero que favorece e intenciona el dolor para que aprendas a no ser violada, a sacrificarte a hasta la muerte por su mandato reproductivo.

Todo este contexto de vulneración hacia las mujeres se ha visto agudizado con la crisis del covid-19, que ha tensionado los limitados recursos de sistema de salud, obligando a la priorización de algunas atenciones sobre otras, no me refiere a la evidente priorización de los pacientes COVID-19, sino al menosprecio y descuido de la salud sexual y reproductiva que ya se encontraba debilitada. Fundación Miles retrataba que 4 de cada 10 mujeres estaban teniendo dificultades para conseguir su anticonceptivo, también se han identificado dificultades en el acceso a los tratamientos para el VIH y el test para el cáncer cérvico uterino, una de las principales causas de muerte entre las mujeres. A pesar de la alta demanda generada por el COVID-19 las mujeres siempre requerirán salud sexual y reproductiva, además de aborto seguro.

El impacto de esta crisis sobre la vida de las personas es tan profundo, y ha recrudecido aún más la vida de cientos de mujeres que hoy están viviendo a diario violencia intrafamiliar y sexual en el confinamiento; miles de ellas han perdido sus trabajos, por priorizar la comida de sus hogares han dejado de comprar sus anticonceptivos, a esto se suma la alza de precios de pastillas y condones, que “la autoridad” justifica con el cierre de fronteras y la obvia especulación que favorece nuevamente al empresariado.

Las mujeres con menores recursos son y serán las más perjudicas, ya que se verán obligadas a parir o a buscar métodos alternativos para abortar como tomar infusiones de yerbas sin control, o introducir objetos en sus vaginas.

Aborto Clandestino

El aborto clandestino existirá mientras no haya aborto libre para todas, no hay mucho que explicar en ese ámbito. La decisión de abortar de una mujer se antepone a cualquier barrera social o económica, exponiéndose a métodos inseguros, que incluso ponen su vida en riesgo. Históricamente las mujeres hemos abortado, en la íntima soledad de estar haciendo algo incorrecto, inmoral e ilegal, eso se nos ha hecho creer, a través de la fuerza y la coacción política y religiosa. Pero, aun así, lo hacemos porque es nuestra cuerpa, y es obvio que podemos decidir sobre ella. Con esta convicción mujeres y colectivos feministas alrededor del mundo se han enfrentado a la ilegalidad del aborto, y a una atmósfera marginal y peligrosa. Desde siempre han estado acompañando y apoyando a la diversidad de mujeres que lo necesiten, transformándose así en una opción real de aborto seguro para todas.

En el contexto pandémico actual estas organizaciones han señalado que el aborto se vuelve aún más difícil y solitario, son más grandes los temores y la incertidumbre, la crisis de los hospitales agudiza la sensación de desamparo y peligro. La escasez de Misotrol por el cierre de las fronteras también ha generado el desabastecimiento dentro de estas agrupaciones que han visto duplicar o triplicar el valor de las dosis que antes se compraban por 40 o 60 mil pesos hoy se encuentran a 200 o 300 mil pesos afirma el colectivo línea de aborto libre. También la falta de stock y el oportunismo incentiva la falsificación y la estafa. A pesar del duro escenario que se vive a causa de la pandemia y un gobierno empecinado en negar el derecho de las mujeres sobre sus cuerpas, las diversas organizaciones de mujeres y colectivos feministas doblan sus esfuerzos para ofrecer un acceso seguro al médicamento. Asimismo, entregan información y acompañamiento a través de telemedicina como se está ya haciendo en cientos de países “desarrollados” donde el aborto es legal.

En este contexto la agrupación Con amigas y en la Casa señalan que hoy no pueden asegurar acceso seguro al Misotrol, a pesar de esto mantienen el acompañamiento, conteniendo a las mujeres que no han podido abortar y que hoy afrontan la incertidumbre de la pandemia, llevando a cuesta un embarazo que no desean.

En un futuro no muy lejano se espera que la pandemia del COVID -19, sea un recuerdo del pasado. Sin embargo, los cientos de embarazos no deseados, que no fueron interrumpidos, serán una secuela indeleble en la historia proletaria, engrosando las listas de hijos no deseados, que nacen en contextos marginales y vulnerables, que no encontraran el cariño de una madre y menos el de un padre. Llevar a término un embarazo no deseado no hará más que precarizar las vidas de las mujeres, y de los niñes que como víctimas inocentes terminarán una vez más siendo maltratados, violados, creciendo en las calles, y abultando las cifras de desaparecidos por el Sename.

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