Ciencia ficción y transformación social

o la necesidad de abandonar la distopia

Ciencia Ficción como prefiguración de la realidad

Imagen de la pélicula Blade Runner

Durante años pensé que la narrativa no constituía un aporte sustantivo en la maduración de la crítica radical o que difícilmente se podía considerar una contribución a la formulación de teoría revolucionaria, por el simple hecho de ser ficción.

Tras tropezar con algunos libros logré cambiar mi perspectiva al respecto y admirar la capacidad especulativa y el poder de creación de escritores y escritoras en torno a la exploración de la naturaleza humana, exponiendo la subjetividad de los personajes, los espacios que estos habitan o la realidad material que los rodea.

El concepto de prefiguración se ha vuelto vital en la teoría revolucionaria contemporánea ya que es imperativo organizarse y hacer en el presente y en concordancia la futura sociedad libre. En este contexto, la ciencia ficción o más ampliamente la ficción especulativa es un género literario de larga data que se ha dedicado una y otra vez a imaginar lo inimaginable, a prefigurar a través de la imaginación intentando proyectar de manera divergente a nuestra realidad futuros y posibles caminos para la sociedad humana, abordando diversos temas tales como: la relación con el trabajo, el mundo después del apocalipsis, los impactos de la tecnología, sociedades anárquicas, la exploración espacial, la ecología y un largo, etc.

La visión predominante en el inconsciente colectivo acerca de la ciencia ficción tiene que ver con relatos situados en sociedades distópicas (etimológicamente malos lugares), diametralmente opuestas a La Utopía de Tomas Moro. Estas sociedades se presentan marcadas por aspectos deshumanizadores y una visión decadente. Ejemplos existen por montones, desde series como Black Mirror, Dark, The Handmaid’s Tale; películas como Blade Runner, The Matrix y Children of Men o los libros que dan forma e inspiran numerosas adaptaciones audiovisuales escritos entre otros autores y autoras como

Phillip K Dick, Margaret Atwood o William Gibson. Este último sería quien formulara las bases del cyberpunk, subgénero de la ciencia ficción donde se desarrollan gran parte de nuestras perspectivas y pesadillas, presentes y futuras.

La distopía como discurso hegemónico

Imagen del videojuego Cyberpunk 2077

Como otros frutos de la posmodernidad el cyberpunk vino a remecer los grandes paradigmas de la ciencia ficción, que hasta entonces se había planteado su relación con la tecnología desde una pasión desbordada en los autores de la Edad Dorada de la primera mitad del siglo XX o desde la aversión a esta en la Nueva Oleada de finales de la década del 60 dedicada más a la exploración de aspectos tabú de la sociedad como el sexo, los prejuicios raciales, las minorías o la devastación del medio ambiente entre otras, aportando profundidad en la construcción de personajes y llevando a la ciencia ficción a ser considerada no solamente como literatura juvenil, sino también para adultos.

Impulsado principalmente por autores hombres nacidos después de la segunda guerra mundial en el llamado baby boom, el cyberpunk está contextualizado en la etapa final de la guerra fría. Los grandes paradigmas ideológicos en disputa, por un lado, el capitalismo financiero de los Estados Unidos y por el otro lado el capitalismo de estado de la URSS, devinieron en una sociedad donde las perspectivas de transformación social hacia una sociedad más utópica, fueron reemplazadas por la libertad omnipotente del consumo y las restricciones totalitarias de un estado omnipresente. Como producto cultural emanado desde el triunfo del capitalismo y la cultura del individuo atomizado que se separa de la sociedad, el cyberpunk está marcado por la imposibilidad de modificar el sistema social imperante. Por otro lado, la relación con la tecnología como factor cultural que atraviesa todas las relaciones sociales existentes se presenta como uno de los principales elementos que construyen la alienación y esclavitud de los personajes con respecto a una estructura social que crece de manera desenfrenada a un ritmo que supera con creces los ritmos “naturales” de la humanidad, alejándose de marcos éticos o morales para abrazar una vorágine nihilista de despropósito.

Muchas de estas obras funcionaron como una prefiguración textual de nuestros tiempos. Nos fueron advirtiendo acerca de los alcances de la cibernética, del internet, nos mostraron los efectos de la virtualización de la vida cotidiana o de los alcances de un estado policial que todo lo ve, todo lo escucha y todo lo sabe, sin embargo, casi 40 años después la frontera entre la ficción planteada desde el cyberpunk y la realidad del presente es casi nula. No habitamos ciudades de autos voladores, llenas de neón ni interactuamos cotidianamente con robots como en Blade Runner, pero drones trasladan muestras médicas para combatir la pandemia del coronavirus, millones de trabajadores y trabajadoras producen desde sus casas interconectados a través de internet y aviones no tripulados tienen la capacidad de bombardear ciudades mientras la aplicación de inteligencia artificial aplicada en robots militares capaces de matar es uno de los debates éticos del momento. Ejemplos existen por montones es cosa de mirar a nuestro alrededor para sentirnos en un capítulo de Black Mirror, pero llegados a este punto de la historia en que diversos movimientos sociales cuestionan y remecen los paradigmas culturales del capitalismo triunfante y se alzan discursos sobre transformaciones radicales para superar este sistema, quizás es tiempo de reflexionar como lo hace Sarena Ulibarri (escritora y editora de la antología Solarpunk Glass & Gardens: Solarpunk Summers) “Miras a tu alrededor, a la pobreza, la violencia, las injusticias, a todos los que te dicen que así es como funciona el mundo, y piensas: «¿Es esto realmente lo mejor que podemos hacer? ¿Es esta realmente la única manera de vivir?» En los Estados Unidos, muchas personas han salido de la ficción distópica ahora, porque sienten que ya estamos viviendo una distopía. Las representaciones ficcionales no ofrecen ya nada más escandaloso de lo que vemos en las noticias y en nuestras comunidades. La ficción permite experimentos mentales, «que pasa si» y eso incluye «¿qué pasaría si el mundo fuera mejor?». Estas preguntas resuenan en mí y originan otras como, ¿es saludable seguir consumiendo futuros cyberpunk?, ¿es el discurso distópico ampliamente difundido por la industria cultural un adoctrinamiento ideológico para que la rebelión sea algo impensado?, ¿Debe el movimiento revolucionario volver a imaginar el futuro y crear nuevas narrativas para combatir el nihilismo, el pesimismo y la inmovilidad?

Nos han arrebatado el optimismo y estamos tratando de recuperarlo

Mapa de la luna anarquista Anarres

“La imaginación al poder”, es una de las tantas frases que quedaron marcadas en los muros de París durante la revuelta de mayo del 68, y es que para romper con el condicionamiento y explorar nuevas formas de vivir, es fundamental que la creatividad se posicione como vanguardia de los movimientos sociales.

En noviembre de 2014 la célebre escritora de ciencia ficción Úrsula K Leguin pronunció un discurso al ser premiada con la «Medalla Distinguida Contribución a las Letras Estadounidenses«, en el que señalaba “Vivimos en el capitalismo. Su poder parece inexorable. También lo parecía el derecho divino de los reyes. Todo poder humano puede resistirse y cambiarse por seres humanos. La resistencia y el cambio muchas veces empiezan con el arte, y muy a menudo con nuestro arte, el arte de las palabras”. En paralelo a la convulsión social, el arte y la literatura funcionan como un espejo de las aspiraciones e inquietudes humanas, y en la sombra de la especulación distópica, otras narrativas se desarrollaron y crecieron explorando cuestiones fundamentales para reflejar y superar viejas estructuras que nos oprimen. Úrsula K Leguin desarrolló en sus libros ideas en concordancia con los contextos sociales de su época, en “La mano izquierda de la oscuridad”, publicada en 1969 en el resurgimiento del feminismo, aborda una sociedad humanoide en donde nunca ha habido una guerra y en donde sus habitantes son seres sexualmente andróginos que pueden transitar indistintamente entre lo masculino y lo femenino, descubriendo a largo de la obra la esencia de las personas más allá del binarismo imperante. En “El nombre del mundo es bosque”, expresa su furia y frustración frente a la guerra de Vietnam, hablándonos del colonialismo, enmarcado en un conflicto racial y de imposición violenta de una sociedad patriarcal invasora que solo concibe a la naturaleza como un recurso y es incapaz de comprender o incluso valorar a otra cultura con potente conexión con la naturaleza y de enraizada tradición matriarcal. En «Los desposeídos: una utopía ambigua» nos muestra una cultura humana que habita el planeta Urras y su luna Anarres. En Urras impera una cultura capitalista basada en la abundancia que el planeta les otorga, mientras en Anarres una colonia de exiliados funda las bases de una sociedad anarquista basada en prácticas comunitarias y de apoyo mutuo como aspectos obligatorios para sobrevivir a la precariedad de recursos existentes en la luna. Con maestría la autora narra la vida cotidiana en anarquía más allá de caricaturas utopistas, explorando por ejemplo mecanismos del lenguaje que suprimen las categorías gramaticales posesivas (mío, tuyo, etc.) al mismo tiempo que advierte sobre los peligros de la burocracia y la centralización, una sociedad donde lo central es la capacidad de relacionarse y la capacidad de hacer en función del bien común. Este tipo de ficciones contribuyen sin duda a nutrir horizontes de emancipación, ya que son capaces de hacernos sentir la experiencia de como seria vivir en estos escenarios tan distantes de nuestra realidad, donde la reciprocidad entre seres vivientes existe y es un eje fundamental de la vida.

Dentro de la ciencia ficción, la eco ficción a través de Ecotopía una novela de Ernest Callenbach, publicada en 1975 fue capaz de posicionar en el imaginario la existencia dentro de Estados Unidos, de una capaz de aunar sus esfuerzos en torno a la ecología, abrazando las tecnologías renovables bajo una forma distinta de concebir el consumo y una relación más ética con la tierra. En paralelo a la escritura de esta obra, el ecologismo como teoría política y social estaba comenzando su desarrollo como crítica radical al capitalismo, aflorando conceptos como decrecimiento y poniendo la ética en el centro del análisis. La eco ficción se abrió paso como una necesidad narrativa de centrar el aspecto especulativo de la ciencia ficción en los efectos y consecuencias de la interacción humana en la naturaleza, como forma de retratar el llamado antropoceno y hacer un urgente llamado a imaginar otras posibilidades. La ecología a partir de la decada del 60 remeció con fuerza el pensamiento de manera transversal influenciando múltiples y diversas áreas, es el caso de Murray Bookchin, historiador y teórico en ese entonces anarquista que comienza a formular su teoría de la ecología social, que viene a tender un puente entre el anarquismo socialista y la ecología radical. Úrsula K leguin señala en el prólogo del libro “La próxima revolución” de Bookchin publicado por Virus Editorial lo siguiente “(Bookchin)…nos dibuja un bosquejo esperanzador de cómo podríamos convertir la crisis medioambiental en un momento de auténtica elección: una oportunidad para trascender las paralizantes jerarquías de género, raza, clase y nación; una oportunidad para encontrar una cura radical para el mal radical que envenena nuestro sistema social”.

¿Negacionismo o desesperación? Solarpunk!

ilustración por rita fei

El solarpunk es un movimiento de ficción especulativa, arte, moda y activismo que intenta contestar y encarnar la pregunta ¿Cómo sería una civilización sostenible y cómo podemos llegar a ella?”. Bajo esta premisa arranca el manifiesto solarpunk, un texto de autoria colectiva que intenta sintetizar las reflexiones y contribuciones de muchas personas a través de foros, redes sociales y obras de artes mixtas para encausar o impulsar este subgénero dela ciencia ficción y liberar su potencial transformador. El manifiesto prosigue “En su núcleo, el solarpunk es una visión de un futuro que encarna lo mejor que la humanidad puede lograr: un mundo post-escasez, post-jerárquico y post-capitalista donde la humanidad se ve como parte de la naturaleza y las energías limpias sustituyen a los combustibles fósiles.”

Son numerosos los puntos de encuentro entre lo señalado en el manifiesto y la teoría revolucionaria, muchos de los problemas inherentes a la distopía en que vivimos, se originan en la existencia de estructuras sociales que oprimen a la humanidad, como los estados, el capitalismo, el patriarcado, o el colonialismo. No es raro que surjan voces que intenten facilitar el encuentro de estos dos mundos, como el texto “Solarpunk as Anarchist Infrapolitics”, que señala “Lo que debería interesar a los anarquistas es cuán similares son los valores subyacentes del solarpunk a los del anarquismo social, en particular al anarquismo posterior a la escasez de Murray Bookchin: des centralización, la fusión de lo ecológico con lo tecnológico, la fusión de lo funcional con lo ornamental, la autonomía local, la toma de decisiones participativas y la unidad en la diversidad. Casi por accidente, los solarpunks llegaron a la mayoría de las mismas conclusiones que los anarquistas por medio del arte.”

Uno de los problemas del movimiento revolucionario ha sido su incapacidad de definirse a sí mismo en positivo, es mucho más simple decir somos anticapitalistas, antiestatales, anticolonialistas, antipatriarcales, antidesarrollistas, antifascistas y así seguir largamente hablando de lo que no somos antes que emprender la difícil tarea de decir que somos o que queremos, sin embargo, se vuelve imperioso hacerlo para poder detener el avasallador desarrollo del capitalismo y empezar a construir y a vivir más allá de lo impuesto. En este aspecto el Solarpunk acierta, debido a que está diciendo explícitamente como es este mundo nuevo, como es este lugar hacia donde queremos ir, como es la humanidad que lo habita oponiendo aspectos positivos a los problemas del viejo orden, si los problemas son las jerarquías, imaginemos formas horizontales y comunitarias; si el estado nos oprime, pues que vivan las asambleas; si el dinero nos ata y esclaviza vivamos en torno a la reciprocidad y busquemos formas económicas acordes a nuestros valores. Hay mundos completos por imaginar y relaciones sociales por vivir. Recuperar el futuro secuestrado por el nihilismo y el derrotismo es posible. Puede pasar ahora.

ENLACES

(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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