El despertar

Escrito por A.N.

El 18 de octubre Eliana Salas se encontraba en su casa tomándose un té con una tostada con margarina pensando en lo caro que se encuentra el pasaje del metro, que debía costear para trasladarse a la cita médica que tenía en unas horas más. Pensaba en la mísera jubilación que recibía después de dar su vida educando y de lo poco grato que es envejecer en Chile.  

El día en que las noticias trasmitía a los y las adolescentes saltando nuevamente el torniquete en la estación Universidad de Chile y Santa Lucía, Eliana Salas lloraba, lloraba de frustración, de angustia y desamparo, los exámenes confirmaban su cáncer, el doctor le hablaba del tratamiento y los pasos a seguir, ella solo miraba por la ventana pensando que toda su vida trabajó por unos pesos miserables, que ni siquiera le servirán para costear el tratamiento del cáncer al estómago que padecía, y que al final la mataría.

Dejó la consulta, desalentada por su vida caminaba por las calles cercanas a la Alameda sin notar a todas las personas que transitaban junto a ella, se disponía a bajar a la estación del metro Santa Lucía, cuando una mujer joven la toma del brazo diciéndole que se encuentra cerrado.

– ¿Cerrado, por qué? -pregunta.

-Evasiones masivas en las distintas estaciones del metro por el alza de pasaje señora-le contesta la mujer de una forma enérgica.

-Sí, algo había visto en el matinal, ¿cree qué durará mucho esto? – le pregunta Eliana mientras caminan por la Alameda.

-Durará lo que tenga que durar, ya está bueno de los abusos- le responde.

Al llegar a su casa Eliana se sienta en el sillón marrón y enciende la televisión que aun trasmite en sus pantallas animadores impresionados frente a lo que acontece y a las respuestas favorables de gente. En el programa entrevistan a un transeúnte, el cual responde que ya está aburrido de los abusos, estamos enojados con los políticos, estamos enojados con este sistema que solo nos pisotea y ahora “Chile despertó”, concluyó el hombre y se fue.

La mujer abre los resultados de sus exámenes, pero no los ve, piensa en la vida que no tuvo, la tranquilidad que nunca vivió y en el desamparo social en el que se encuentra, ya no siente tristeza por su vida, no se siente sola, siente rabia, enojo, ya que en los 30 años en que todo pudo mejorar para ella y para los demás eso nunca sucedió.

El día que la señora Eliana salió del estado de letargo y entumecimiento se encontraba sentada en la entrada de su casa de ladrillos fiscal tomando un agua con limón;no tenía para más, cuando ve caminando a un grupo de vecinos y vecinas, Eliana los siguió con la mirada y su vaso de agua con limón en una mano, intuía a donde iban, quería ser parte de aquello, pero el temor se apoderaba de  ella, lo que muestran la televisión abierta le otorgaba un dejo de inquietud, pero sentía que lo que hacían sus vecinos y toda la gente que demostraba su malestar frente a un sistema que excluía a los ciudadanos estaba mal, entró a su casa y miró nuevamente en la mesa  examen con los resultados, pensó en el futuro que ya no existe para ella, ni para muchos.

Eliana Salas, enferma por el capitalismo, muerta por un sistema de salud para algunos y no para todos decidió en aquel momento, dentro de su casa a horas que se iniciara una manifestación popular que quería ser parte de este momento, de esta trasformación, ser parte del grito de repudio, enojo y malestar. Se calza zapatillas y su vestido floreado que tanto le gusta, lleva limones partidos y agua dentro de un bolso azul que se cruza por el hombro derecho, camina hacia al paradero, mira hacia atrás dudando de sus acciones en aquel momento, el calor de la tarde la aturde un poco, piensa que quizás no sea una buena idea, que está muy vieja para esas cosas, piensa regresar, pero al ver a un grupo de vecinas que la saludan, piensa que sí es buena idea.

La profesora del estado jubilada de la educación pública, se encuentra asombrada de las caras, de los cuerpos, las edades que fluctúan con sus banderas, con sus carteles y sus colores que se encuentra al igual que ella en la plaza central de las manifestaciones, aquella pequeña parte que hace una diferencia entre los que tienen y los que no, entre los de arriba y los que están abajo, la mujer siente una vibra distinta que la conmueve, se siente parte de algo y no una pequeña porción alejada de la realidad que sintió durante años, marcha con alegría junto a mujeres, hombres, adolescentes, niños y niñas, grita cánticos alusivos, canta el” baile de los que sobran” de Los Prisioneros, todos se miran en la gran marcha, cuando escucha que alguien la llama de atrás, se da vuelta y reconoce la cara entre la gente era un exestudiante de ella Diego que marchaba junto a una mujer que a la jubilada le parecía ser su pareja.

Profesora, ¿qué hace aquí? – le pregunta- no pensé que usted participara en estas marchas.

Es la primera, pero vendré a más, las jubiladas y las enfermas necesitamos dignidad- le responde- ¿y cómo estás tú? ¿qué te pasó en el brazo? – le pregunta mientras caminan por la Alameda.

Esto -le muestra el brazo a su exprofesora- me lo gané por pedir dignidad en las calles. La vida no es sencilla todos y todas lo sabemos profesora, si ahora estamos aquí, si usted y yo estamos aquí es porque creemos y sabemos que podemos generar cambios, quizás no para nosotros, pero sí para los que nos siguen- la mira tiernamente, le pasa su brazo por encima de sus hombros, cuando a un costado caen dos lacrimógenas que los hacen correr y separarse.

Ambos arrancan en distintas direcciones al momento de sentir los efectos de la lacrimógena, la mujer no sabe por dónde arrancar, el lagrimeo constante le provoca una ceguera,cual solo se abre paso a tropezones por la zona, chocando con otros cuerpos, la respiración entre cortada debido al gas la lleva a perder momentáneamente el sentido cuando siente una mano que la afirma del brazo mientras cae al suelo, la levantan y la llevan a un costado del parque forestal donde una voluntaria  de la brigada le proporciona los primeros auxilios para que se pueda recuperar y le ofrecen agua luego de recuperar la marcha normal de su respiración. Le preguntan si se encuentra bien y le proporcionan una mascarilla para que pueda trasladarse sin tener tantas dificultades y la incitan a que salga del lugar.

-Señora es el momento que comience a caminar a su casa, esto a cada momento se va poniendo peor-le dice la voluntaria que la rescató de caer desmayada luego de la lacrimógena- los pacos están cada vez peor tenemos más y más heridos de balines, será mejor que vaya apurando el paso a su casa.

– Sí, sí, ya es el momento, no pensé que nos hicieran esto si íbamos caminando no más- le contesta antes de despedirse y comenzar la vuelta a su hogar.

El regreso a su casa si bien fue dificultoso también resultó satisfactorio y lleno de anhelos para las próximas convocatorias a la cuales asistiría, Eliana Salas la mujer jubilada con un cáncer a cuestas sin poder tratar, se sintió como “Ulises”, enfrentándose a constantes pruebas que la quieren sacar de su camino, somos todos como Ulises- pensó- nos enfrentamos a  los que se creen dioses, los cuales mandan monstruos, como los agentes del estado que vienen a maltratarnos como Escila con sus múltiples cabezas que nos gasean, golpean y disparan, y esta es nuestra historia heroica, nuestro poema épico.

La ex profesora siguió participando en las convocatorias y marchas, con la fuerza que otorga la multitud de personas con una sola razón y ser parte de la hazaña histórica que se vive, hasta que su cáncer fue más fuerte que sus ganas de marchar, la tumbó en cama le quito sus energías, la fuerza para levantarse, pero no el anhelo de justicia social.

(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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