¿EN CONTRA Y MÁS ALLÁ DE LA ECONOMÍA?

ALGUNAS TENSIONES A PROPÓSITO DEL CONCEPTO DE RECIPROCIDAD

A continuación, propongo una rápida revisión de algunos momentos históricos con motivo de plantear algunas tensiones presentes en la praxis política de hoy. No son un “buenismo” intelectual en el sentido de constatar lo que fue para reafirmar lo que hay, sino que buscan tensionar el entendimiento de la situación pandémica actual. En este sentido, sobre el concepto de reciprocidad y el “don”, se puede revisar el célebre estudio de Marcel Mauss Ensayo sobre el Don, donde sienta algunas bases teóricas sobre el tema tales como la obligación, el compromiso y las equivalencia en las prácticas de reciprocidad en algunas culturas a nivel mundial.

Para comenzar, me gustaría fijar una definición general de reciprocidad, para entenderla como una forma de afrontar las precariedades de un pueblo que difícilmente reproduce sus mínimas condiciones de vida y que, a su vez, como práctica social depende de las cercanías, la proximidad de los vínculos y las consecuentes lejanías en nuestras relaciones sociales y/o afectivos. En segundo lugar, que hay formas de vida que la nueva telemática ha anulado en sus esencias, o al menos las ha modificado hasta volverlas irreconocibles y que esto puede ser muy deseable con propósito de la gestión política de las insurrecciones actuales; esto último, siguiendo algunas reflexiones de Agambem sobre la forma de vida «estudiantil» y el nuevo régimen cibernético, esto a propósito de un cierto adolecer el mundo. Y tercero, plantear que la reciprocidad es una forma de práctica social, un imperativo moral si se quiere, tan presente en nuestras prácticas comunitarias ancestrales, que pasa desapercibida o es opacada por cifras de origen europeo tales como apoyo mutuo, solidaridad o la caridad -de izquierda a derecha, así como se leen-. Así es como propongo que podría existir en estas sabidurías, una clave para entender la situación actual, más allá del asistencialismo, los derechos individuales de propiedad, el Estado de Derecho capitalista y el liberalismo como filosofía en general.

A consecuencia de estas anotaciones es que esbozaré algunos momentos históricos recogidos por su relevancia y sin ninguna pretensión de exhaustividad, para dar cuenta de cómo la reciprocidad como práctica social inscrita en nosotrxs, emerge en momentos de crisis en nuestras formas de subsistir.

Tal como es arriba es abajo

El antiguo rakiduam mapuche, o sabiduría ancestral, está construida en base al valor de la reciprocidad. Ante todo, la reciprocidad para la gente de la tierra es un régimen moral, una obligación del individuo para con la comunidad que habita. En ese sentido, factores determinantes para el análisis de la reciprocidad son la forma, cantidad, calidad y dirección del intercambio, más allá de la mera equivalencia de los valores de usos intercambiados. La distancia o cercanía social de las partes que pactan el intercambio influye notoriamente en la valorización del don -usando el concepto de Mauss-, convirtiendo así el intercambio en un hecho más moral que meramente una ecuación económica. En suma, las dinámicas de reciprocidad ancestrales del pueblo mapuche, dependen con necesidad del contexto relacional de los y las participantes involucrados. El estudio empírico antes señalado, constata la existencia de varias formas de intercambio en reciprocidad, que se dan por fuera de la economía, es decir, necesitan de un compromiso moral y una obligación para ser socialmente productivos:

1) cuando un grupo doméstico joven está participando por primera vez en algún ritual (matrimonios, ritos funerarios o ritos religiosos), marca un referente de equivalencia que espera sea devuelto en las mismas condiciones en el futuro;

2) cuando un grupo doméstico –por diversas circunstancias– no puede responder de la misma forma a otro (cantidad y calidad de lo recibido), deberá dar las explicaciones correspondientes. En tal caso, se valorará el esfuerzo que las personas realizan por cumplir el compromiso y no se produce una fractura en la relación social existente;

3) cuando las personas se ven imposibilitadas para retribuir la ayuda, siempre debe existir una causa que culturalmente lo justifique, como es la situación de mujeres que han enviudado recientemente y tienen aún hijos pequeños;

Todas estas situaciones -muy comunes por cierto- son diferenciables de las transacciones económicas, pues no hay necesaria equivalencia de valores de uso. El grupo familiar desposeído por la situación que sea, esta socialmente justificado para no asistir en una equivalencia de lo intercambiado, incluso su exclusión de intercambiar. En la cultura occidental el gesto de entregar sin recibir se le llama solidaridad -caridad en su versión de asimetría conciencia, y de derecha-, sin embargo, como práctica humana es ancestral en su existencia y vive sin las cargas ideológicas propias del aparato teórico desde el que emerge el concepto de solidaridad.

Lo mismo vale para la relación de la che con el mundo espiritual. El Nguillatun como ceremonia es un acto de reciprocidad con la mapu. Lo que es arriba es abajo, dicen las ñañas.

En el pueblo mapuche la economía como esfera separada de la vida es claramente diferenciable a nivel lingüístico, lugar en donde operan los conceptos de “negocio” o “deuda”, que primordialmente se relacionan con el patrimonio individual o de grupos familiares nucleares, se relaciona con las transacciones de mercado; algunos de ellos son: aretun (conseguir), kakünun (cambiar), wülatun (vender) y xafkintu (trueque). Todas las anteriores, son formas en donde sí se espera una equivalencia de los valores de uso de los bienes o servicios intercambiados, con el objeto de mantener la relación mediada por la economía en “equilibrio”. Mercancía por Mercancía, aunque sea orgánica; donde hay dinero, hay nihilismo. No hay obligación recíproca, compromiso, reconocimiento del otrx, ni su validación.

La reciprocidad entonces y sus ejecuciones, fundamenta un régimen moral, una obligación y un compromiso de los individuos para con sus comunidades, en tanto los vínculos son fortalecidos cuando los intercambios son respetados. La economía, el trueque, el cambio, la venta son seguras en tanto existe esta base moral, pero también existen como forma de comunicación con comunidades o grupos humanos más lejanos en un sentido social del término.

Hay economía, ficción de valor, venta y compra, pero son relaciones distantes, periféricas, poco importantes y para nada hegemónicas en las formas de relación que se establecen en un lof o territorio.

Interesante es notar que las verduleras mapuches venden sus productos en las afueras del mercado en Temuco, lejos de sus territorios, donde la reciprocidad intenta recuperar su lugar en medio de la devastación capitalista.

Sin salud, sin vivienda, sin comida

Hay un segundo momento histórico, marcado por el choque entre las visiones emanadas desde Europa sobre el cooperativismo, el apoyo mutuo y los valores liberales, con la ancestral forma de enfrentar condiciones de vida adversas. La población a mediados del siglo XIX eminentemente campesina de este territorio vive una precariedad absoluta. A propósito de esta época, una completa imagen de dicha precariedad se puede escuchar en el podcast Historia Dura de Emisor Podcasting. En ese contexto, Francisco de Bilbao y su Sociedad de los Iguales son un referente en tanto antecedentes de las sociedades de socorros mutuos y cooperativas. A propósito, Bilbao señala “En otros términos: Libertad. Democracia. Solidaridad. He ahí el fondo y el horizonte de la revolución”. La indistinción en sus miembrxs causa el espanto de las elites de la época, este potencial negativo se ve reflejado en las palabras que dedica Benjamín Vicuña Mackena en 1856 a alguna de las reuniones de esta sociedad, que desencadenaría el alzamiento serenense de 1851: “Nadie que hubiera visto aquella escena podía ocultarse que la insurrección estaba ya consumada en La Serena (…). Las reuniones del Cerro de la Cruz eran la insurrección misma”. Este primer ilustrado entre otrxs, marcaron un referente político en la creación de los Socorros mutuos. Enfrentados a la misera absoluta, las condiciones de reproducción de la vida son precarias en el sentido más puro del término. Sin asistencia médica, sin vivienda y sin instrucción primaria, la única respuesta posible ante esta miseria, era la reciprocidad ya inscrita en la vida social de las personas de esta región. Tomemos el ejemplo de la Asociación de costureras: protección, ahorro i defensa. Sin Estado que garantice mínimos de dignidad, donde cualquiera problema vital como la muerte de un familiar, una enfermedad como un resfrío que se agrava, o una semana sin ingresos, pueden poner en riego tu vida.

Frente a la precariedad de las condiciones de vida y de reproducción de la misma, las respuestas de la clase son la autoorganización, la reciprocidad y el apoyo mutuo que, ya no cifradas propiamente en la cultura ancestral mapuche, toman otro nombre y mantiene su contenido en función de una nueva época. En un sentido profundo, la trama de vínculos sociales que construyen al proletariadx emergente en el siglo XIX, se va fundamentado de a poco en el conjunto de prácticas ya inscrito en los seres humanos de este territorio, como pudimos constatar un poco más arriba.

A puro pan, a puro té, así nos tiene Pinochet”

«A puro pan, a puro té, así nos tiene Pinochet»

La dictadura cívico-militar hizo posible que un grupo de economistas aplicaran unas serie de nuevas ideas con respecto a la administración del capitalismo. Conocido es el experimento neoliberal en Chile, las condiciones psicológicas y materiales que permitieron su puesta en marcha y las consecuencias que hasta el día de hoy dicha forma de administrar el capital nos trajo. En esa dirección, los primeros años de implementación del neoliberalismo conllevaron una gigantesca crisis económica que tiene su punto más álgido el año 1982 con una caída del PIB en 14,3 %, un índice de desempleo del 23,7% y la devaluación el peso en un 18%; el Estado intervino un total de 14 bancos y 8 financieras. Entre ellos los más grandes son: BHC (Vial), Banco de Santiago (Cruzat-Larraín), y el Banco de Chile (Vial). En suma, un escenario en donde una buena parte de la población podía con mucho esfuerzo apenas suplir la necesidad básica de alimentación, mientras el Estado acudía al rescate de la banca y empresas estratégicas por medio de la privatización de Chilectra y la Compañía de Teléfonos, por nombrar algunas. En este contexto es que la Olla común se generaliza como una forma de organización barrial, para poder satisfacer la necesidad básica de alimentación. Nuevamente, la trama de vínculos sociales emerge en forma de sostén alimenticio para aquellxs que no pueden suplir esta necesidad en sus hogares.


Gestionando el espectro: insurrección y ollas comunes

Hoy vemos como la pandemia mundial evidencia y profundiza las grietas del modelo económico-antisocial llamado neoliberalismo. Sobre las posibilidades que este fin de ciclo, las que se cierran o las que se abren, se ha escrito profusamente desde la filosofía. Hay que hacer una especial mención a Jaques Camatte y su Instaraución del riesgo de extinción recientemente traducido al español, donde se aborda el tema de la pandemia desde una perspectiva más amplia de lo habitual en relacíón a nuestra existencia como especie. Así es como encontramos desde tesis que señalan los albores de la distopia de control cibernético- la industria fílmica ha ahondado sin rivales en este aspecto-, pasando por las que afirman continuidades entre el antiterrorismo y el discurso del contagio, hasta las más cándidas que añoran una vuelta de tuerca social al modelo de producción capitalista. En la nueva situación social de cuarentena, la supresión del próximo y la próxima en esta forma de vida, ha replegado sectores importantes de la población a sus núcleos familiares más directos, arrebatando cierto vértigo introducido por estos actores en procesos sociales. Basta solo recordar que el ciclo de revuelta abierto con las primeras manifestaciones por la tarifa escolar y el pase escolar -año 2001- tiene su clímax en las semanas posteriores a la generalización de la revuelta del 18 de octubre. Anulada la forma de vida estudiantil, se pone en pausa ese dinamismo; la conflictividad social en las últimas semanas se ve desplazada a los territorios periféricos, afectados por las consecuencias económicas de la pandemia.

Es pertinente poner de manifiesto este hecho, en el sentido de que una cierta sensibilidad por el/la proximx es el movilizador estudiantil previo al 18 de octubre. La tarifa estudiantil no sube, es la tarifa de sus mapadres y el agobio económico consecuente a esta y toda las anteriores, el que genera la ola de evasiones pretéritas al momento insurreccional. Una cierta sensibilidad a la reciprocidad con el vínculo inmediato de dependencia en la familia nuclear, la que es traducida en movilización espontánea y creadora. Hay una complicidad fundada en el reconocimiento de unas condiciones de precariedad generalizada, en el acto de reventar los torniquetes.

Esto nos sugiere algunas tensiones existentes entre la reciprocidad como práctica aislada y si acaso pueden este régimen de valores y compromisos sustituir o mostrar caminos posibles para la abolición de la economía capitalista. Sobre este tema recomiendo el interesante capitulo “Fin al trabajo, vida mágica” del último libro del Comite invisible. En ese sentido, ¿es posible que convivan prácticas de reciprocidad como ollas comunes o evasiones masivas con la economía capitalista? Tenemos al menos indicaciones de que el Estado ha hecho un intento infructífero hasta el momento de gestionar dentro de sus parámetros el fenómeno del comedor popular, por medio de Ollas Comunes administradas por las FFAA. Finalmente, y en resumen ¿Puede éste cierto adolecer la necesidad del otrx, la reciprocidad de una cooperativa de compras o la forma en que los puestos médicos se abastecían de insumos durante las jornadas insurreccionales de octubre y noviembre pasados, sustituir el régimen de extrañamiento del dinero?

Queda pendiente entonces un intento de respuesta.

(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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