EN TIEMPOS DE CÓLERA DEL PATRIARCADO:

FEMINISMOS PARA LA LUCHA.

En Chile y otros países de Latinoamérica hemos visto como tras instalarse el modelo capitalista neoliberal, se ha desarrollado año tras año una ofensiva burguesa de conservadurismo, privatización y explotación, que somete a la base también a un sistema patriarcal, esta toma características cercanas a un ataque de cólera hacia mujeres y disidencias, respaldado en una violencia estructural que se ejerce mediante condiciones materiales tanto objetivas como subjetivas. Ejemplo de ello son la doble explotación (trabajo remunerado-trabajo reproductivo); el nulo acceso a derechos sexuales y reproductivos, las malas condiciones en la vía pública como iluminación y plazas aptas para el juego de niñes; el acceso a empleos precarios que con la crisis sanitaria han dejado en total desamparo a estas trabajadoras y sin ir más lejos los femicidios o femicidios empresariales disfrazados de suicidio ocasionados a quienes luchan frente a la depredación, el saqueo del empresariado. Todas estas condiciones podrían ser ejemplo en los tiempos actuales de cólera del patriarcado, expresados en acciones de ira y violencia hacia mujeres y disidencias, en este contexto un ápice relevante de estas violencias es la forma en que permean las organizaciones sociales, lo que se ha materializado en funas masivas a hombres militantes de organizaciones que han ejercido violencias patriarcales sobre compañeras, y hacia organizaciones y movimiento populares que han tenido un rol encubridor de estas situaciones. Sería entonces importante preguntarse cuánto de este patriarcado ha generado quiebres dentro de proyectos políticos y movimientos populares que, a través de disputas por liderazgos, prácticas hegemónicas, autoritarismo y violencias, hacia mujeres y disidencias de las organizaciones, han generado procesos contrarrevolucionarios o giros hacia la derecha, deteniendo el avance de estas luchas colectivas, y poniendo en tensión los intereses feministas con los antivalores del patriarcado.

En este contexto donde la cólera del patriarcado se encuentra imbricada en lo más profundo de las prácticas políticas y de la forma de relacionarnos, es importante pensar una alternativa que permita generar nuevas formas de organizarse y relacionarse colectivamente en donde exista en su base, relaciones de respeto, distante de los modelos autoritarios, jerárquicos y de competencia que establecen el capitalismo neoliberal y el patriarcado. Es necesario repensar la forma en que hacemos política, para abrir nuestros espacios al diálogo, al encuentro, al sostén y a una mejor comprensión de los caminos de lucha recorridos y por recorrer (Korol, 2016); teniendo en cuenta que esto sólo será posible si quienes forman parte de un proyecto político, generan también estas relaciones de respeto en sus vidas personales, terminando con formas de vincularse bajo principios patriarcales (física, emocional, psicológica, sexual, económica, simbólica, etc.)

En medio de este desastre y ofensiva capitalista y patriarcal, es necesario repensar las formas en que transitamos y nos relacionamos dentro de las organizaciones; es posible rescatar las formas colectivas de sobrevivencia que han surgido con esta pandemia por ejemplo la germinación masiva de ollas comunes y campañas, símbolos de la solidaridad de clase y reciprocidad de un pueblo. Si pensamos en volver al trabajo colectivo, el feminismo popular nos entrega importantes precedentes de experiencias de feminismos compañeros en tiempos de violencia y cólera hacia las mujeres y disidencias, donde las cuerpas y las vidas son puestas a disposición de la lucha comprendiendo dentro de ella también la relación entre quienes forman parte del proyecto, abriendo de esta forma espacio al encuentro, a la conversación y al sostén desde la afectividad que tanto tiempo nos arrebataron con antivalores como la competencia e individualidad.

“Se trata de feminismos populares en movimiento, en movimientos, que caminan la palabra verdadera, que miran la huella, que plantan en ella una semilla, que dibujan el horizonte cuando no lo ven, que cuentan historias de brujas que no asustan a las mujeres, sino que nos dan fuerzas y nos enseñan sus secretos”

Korol, 2016

Es esencial pensar nuestras organizaciones y proyectos políticos desde una mirada feminista de clase entre compañeres, con una identidad desde el Abya Yala, nuestro territorio Latinoamericano, “tierra madura” o “tierra en florecimiento”, denominada así por nuestros pueblos como símbolo de unidad e identidad en el cono sur; desde donde formen parte de su constitución las experiencias y resistencias de nuestras ancestras, nuestras luchas y rebeldías por un Buen Vivir y una pedagogía desde la ternura, que tiene como principio la relación afectuosa entre los pueblos, desde el abrazo y el respeto entre nosotres, es hoy una necesidad para enfrentar el patriarcado y los quiebres que genera.

Es interesante aquí comprender la propuesta que realizan las Feministas Comunitarias de Bolivia, mujeres y disidencias indígenas que en un proceso de ya más de 25 años, luchan por la autonomía de las cuerpas, ante una institucionalidad indígena que no reconoce el patriarcado en sus comunidades, la definición que entregan de este concepto es “el sistema de todas las opresiones, todas las explotaciones, todas las violencias y discriminaciones que vive, toda la humanidad (mujeres, hombres y personas intersexuales) y la naturaleza, históricamente construidas, sobre el cuerpo sexuado de las mujeres” (Paredes & Guzmán, 2015), en este sentido lo reconocen como un sistema básico de dominación, el más poderoso que perpetúa las desigualdades, jerarquía, privilegios y muertes.

La metodología propuesta desde el Feminismo Comunitario nos lleva precisamente hacia un Buen Vivir en Comunidad, en este sentido podría ser un aporte interesante para remirar nuestras organizaciones y proyectos. Comprenden la comunidad como las personas que la componen, pero también el espacio en donde se desarrollan (territorio y naturaleza); la consideran como una metodología circular en tanto vamos a de dónde venimos y venimos de dónde vamos, nos invita a recorrer los caminos de lucha desde la responsabilidad y la memoria, comprendiendo el camino también como un objetivo en el cual recomponer la forma en que nos relacionamos. Reconocen el hacer política como una forma de posicionarse ante las relaciones de poder asumiendo que son nuestras cuerpas desde donde nos relacionamos con él, por lo tanto, forma parte de nuestra identidad, constituida como una identidad política, en tanto es posicionarse con la cuerpa ante las relaciones de poder.

Desde este Feminismo proponen para la comunidad el Warmikuti, regreso de las mujeres a la comunidad, comprendiendo con ello que somos la mitad de todo y resignificando nuestra identidad en estos espacios. Es entonces interesante pensar nuevamente cuántas veces esto ha sido anulado en organizaciones y proyectos que se consideran revolucionarios, por evitar quiebres, por no exponer a ese hombre, por no cuestionar finalmente las relaciones de poder que reproducen el patriarcado dentro de ellas. Acusar estas conductas forman parte de este camino de lucha que nos convoca también a repensarnos.

El Feminismo Comunitario es una propuesta para cambiar la mirada dentro de nuestros espacios; es relevante comprender como desde el Abya Yala se han tejido perspectivas feministas antipatriarcales, antirracistas, anticapitalistas y antineoliberales, con un profundo espíritu de reciprocidad, sororidad y solidaridad desde donde se tejen en los territorios estas revoluciones de la mirada tradicional de hacer política y del feminismo occidental.

Estas miradas y experiencias feministas nos llevan a pensar en otras formas de relacionarnos y resistir organizándonos colectivamente, en estos tiempos de cólera del patriarcado, donde las feministas del Abya Yala han tomado posición política declarando con énfasis en sus cartas que “las violencias nunca nos detuvieron ni nos detendrán ahora”. Finalmente, tras las reflexiones en torno a estas propuestas es necesario reconocer como principio fundamental el seguir en pie de lucha, por la dignidad, por las cuerpas, y por el Buen Vivir de nuestro pueblo.

Bibliografía

Korol, Caludia (2016). Feminismos populares. Las brujas necesarias en los tiempos del cólera,

Declaracion de Feministas del Abya Yala

Paredes, Julieta (2013). Hilando Fino desde el Feminismo Comunitario

Paredes, Julieta (2015). El tejido de la Rebeldía ¿Qué es el Feminismo Comunitario? Bases para la Despatriarcalización. Bolivia: Mujeres Creando Comunidad.


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