Luces en la Marginalidad

un viaje por la (des) esperanza de la clase obrera según Aki Kaürismaki

El Vagabundo sin pasado ni memoria entra al banco a solicitar una cuenta, la ejecutiva lo mira con una predecible frialdad y le pasa un formulario. Él lo rechaza y argumenta que necesita abrir una cuenta con números ya que no recuerda su nombre, “como las de Suiza”le dice tratando de convencerla. Ella insiste que necesita un nombre para el trámite pero la interrumpe un hombre robusto que carga una gran escopeta con la que apunta decidido a la mujer, el hombre exige retirar 247.000 euros de una cuenta particular, la suya. Tal banco le había congelado dicha suma y quería recuperarla a toda costa. Después de obtener todo el monto (ni un euro más, como exige el hombre) se dispone a pagar todas las deudas hacia sus ex empleados de su empresa constructora que después de años quebró por la crisis. El banco cobró su préstamo sin piedad y embargó al hombre, rematando sus máquinas a 247mil (tres veces el valor que le reclamaron). Como si fuera poco le congelaron sus antiguos fondos con los que no pudo pagarle el sueldo a sus trabajadores. Posterior a todo este incidente el endeudado desesperado le pide al vagabundo entregar los sobres con lo adeudado a todos sus trabajadores, antes de pegarse un tiro.

La brillante escena pertenece a una de las vértebras principales de la surrealista “El Hombre sin pasado” (2016, premiada en Cannes con el gran premio del jurado y con la nominación de mejor película extranjera en el ingrato Oscar). Tal pasaje sirve para entender los pasajes críticos que ​Aki kaürismaki​ ha instalado sin depender de grandes estudios para su realización, lo que le sienta bien al director es cicatrizar heridas del barrio con el ultraísmo de la fuerza obrera.

La ​escena​ juega con toques oníricos y un ritmo pausado, un cine de combustión lenta,vemos en pantalla lo que para Aki es el reflejo de sus barrios de Europa del este, donde la marginalidad se encuentra entablando duraderos lazos de compañerismo de clase. En estos rincones no hay espacio para la hipocresía y la desesperanza, una respuesta defensiva contra los tiempos mercantiles y agitados de hoy en día. El cineasta lleva alrededor de 30 obras profundizando en el cotidiano y las emociones de la clase trabajadora, buscando en las esquinas proletarias esa esperanza perdida. Esta visión al margen del mercado le ha costado realizar sus obras en la sombra de una industria pretenciosa y vacía en la mayoría de los casos, pero a Aki realmente no le importa moverse en la oscuridad, se siente cómodo moviéndose en pasajes desafiantes con actrices y actores que su a su vez son sus vecinos y cómplices, responsables de la gran conexión que ha tenido su fiel público a través de las décadas.

La nostálgica rebeldía de Kati Outinen.

Detrás de los focos, aún más alejada de los tributos del estrellato, está ​Kati​ empujando unafuerza irresistible en cada escena. Cada gesto minimalista acentúa una dulce melancolía que dibuja magistrales interpretaciones, de esas que la academia y la industria ignora hasta alguna muerte trágica o algún escándalo de turno (exceptuando el merecido Cannes que ganó el 2002 por mejor actriz en ​“El Hombre Sin Pasado”​). La intérprete ha estado a cargo de delinear los nostálgicos tonos kaüriskianos desde ​Sombras en el Paraíso​ (primera de la trilogía proletaria​ junto a Ariel y La chica de la fábrica de fósforos) donde deslumbra por sus emociones contenidas y silencios oportunos.

El concepto de actriz autora le calza bien a Kati, su fuerza interpretativa esculpe personajes únicos, con propiedad es la figura más importante en la filmografía del director (mérito aparte de Aki fue dar libertad al talento de la filipina, decisión reforzada desde el guión según sus palabras). Kati no solo es una excelente profesional, sino representa esa otredad que otras cintas ocultan, ¿quién más podría graficar tal realidad siendo mujer, obrera e intérprete de un cine marginal anti-comercial?

Aki busca rostros con marcas en la piel, arrugas y facciones “anti-fotográficas”(si pudiera darse tal paradoja) y las encuentra en cada reparto, raramente su equipo interpretativo se renueva por completo, dando paso a una camaradería de colaboración horizontal. No es de extrañar que en algunas ​entrevistas​ el director bromee que ya no habla entre escenas, solo silba las indicaciones y sus colaboradores ya saben la intención de cada toma.

Aki hila cada una de sus películas, como narrando historias en una fogata donde se cruzan los mismo personajes en cortometrajes y largometrajes, creando un universo de caras conocidas en secuelas espirituales y parodias surrealistas del mercado norteamericano (Rocky VI, 1986). Un ejemplo avasallador de esto es Marcel Marx, protagonista escritor de La Vida de Bohemia (1982) que vuelve a Le Havre (2006) como un anciano conforme con su sencilla vida dejando las juergas y las letras para ser parte de un barrio marcado por la reciprocidad, instalando como un hombre común puede desangrarse por ayudar a quien lo necesita. Lo increíble de todo esto es que la cinta no se “vendió” como secuela, sino como una obra más del filipino, lo que habría sido una estrategia publicitaria para Warner o Marvel, para Aki fue un paso natural a abrazar su cine y entregar un regalito a su leal público.

Kati Outinen, al igual que el sensible ​Matii Pellonpää​, el carismático ​André Wilms​ y la dulce Evelyn Didi​ completan el alma de la orquesta. A estos se suman diversos músicos haciendo distintos guiños en vivo desde la talla de Joe Strummer (the Clash), Little Bob, ​Melrose​ y Paha Vaanii. Los primeros rebeldes de un cine de descubrimiento constante y responsabilidad social. Estos buscan siempre dejar una huella que va más allá del compromiso de Director(a)/intérprete, donde muchas veces los protagonistas son banales instrumentos a servicio de una historia particular. Kati renueva energías en el medio siendo participe de escribir y completar esos complejos lugares en la mente de los personajes que encarna, entendiendo que la construcción de estos se enriquece con sus silencios y matices. La escritura no se completa sólo en el guión, sino también en la fuerza autoral década escena.

Resistencia en la oscuridad de la butaca.

El cine de Aki es de lo diferente y marginal, no tiene problemas en citar ciertas características en entrevistas. No busca financiamiento de multinacionales, nunca le ha importado mucho, se las ingenia para empujar un cine casi de guerrilla contra toda presión mercantilista, armando un abanico de distintas texturas donde la comedia y la esperanza se va tejiendo por sobre una superficie de dudas. El director no duda en criticar duramente en sus charlas por universidades los valores neo liberales, aunque suele confesar que cada día que pasa se decepciona más de la humanidad, donde suele encontrar pinceladas de juventud, vida y amor en estos lugares de resistencia. Aki está consciente que el mundo va cambiando y que la mejor despedida que podría hacer hoy en día es entregar un legado honesto y solidario para las nuevas generaciones, rescatando mujeres cineastas que poco apoco se han tomado las salas a través de las décadas. El mundo en los últimos cinco años se ha abierto a nuevas propuestas artísticas que poco y nada tienen que ver con la “fábrica de Salchichas Hollywoodense”, figuras como Greta Gerwig, Ariane Labed, la fallecida recientemente Agnès Varda, Sofia Coppola, Carla Simón y en Chile arriesgadas autoras como Claudia Huaiquimilla, ​Bettina Perut​ y Maite Alberdi, además de las formidables actrices como Elisabeth Moss, Toni Collete, Uma Thurman, Florence Pugh o la excepcional Frances Macdormand, dibujan un paisaje de constante lucha donde se rebelan frente a las miserias y explotaciones del mercado, sentando las bases de lo que será el cine del mañana.

Aki, envuelto en estos cambios radicales de estas dinámicas, cierra su carrera reflexionando sobre el futuro de la sociedad y del cine: “Hemos tenido de algo mejor, durante muchos años y ya no queda esperanza, solo hay esperanzas, y es algo que llevo dando vuelta por15 años, pensando con esta cabeza que ya no da mucho de si, solo hay esperanza si las mujeres se alzan y se rebela, sólo las mujeres, porque las mujeres son el futuro”

Filmografía destacada:

  • Crimen y Castigo, 1983 (​Rikos ja rangaistus​)
  • Sombras en el Paraíso, 1986 (​Varjoja paratiisissa​)
  • Ariel, 1988 (Ariel)
  • Contraté a un asesino a sueldo, 1990 (​I Hired a Contract Killer​)
  • La chica de la fábrica de fósforos, 1990 ​(Tulitikkutehtaan tyttö​)
  • La vida de bohemia , 1992 (La vie de bohème​)
  • Un hombre sin pasado, 2002 (Mies vailla menneisyyttä)
  • Luces al atardecer, 2011 (Laitakaupungin valot)
  • El Havre, 2016 (Le Havre)

(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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