Observar el cielo para vivir en esta tierra

La arqueoastronomía que nos permite entender el pasado

Mirando el cielo para entendernos a nosotros mismos

Vía Lactea

¿Qué sientes al mirar las estrellas? ¿Melancolía? ¿Soledad? ¿Miedo? ¿Fascinación? ¿Esperanza? ¿Todas ellas? Probablemente. La sola idea de la vastedad infinita del espacio puede hacer que te sientas pequeño e insignificante. Hay gente que busca descifrar su destino leyendo las estrellas, sienten que los afectan, que esa posición en el cielo no es antojadiza, buscan un significado. Otros sueñan con viajar a alguna y conquistarlas, dejando atrás este planeta para explorar el espacio, justo como los antiguos navegantes que miraban el océano desde la cubierta de sus barcos. Hay mucha gente que ha dedicado su vida a la observación y el estudio científico de estos fenómenos, con la curiosidad de los niños intenta comprender que son, cómo nos afectan, qué podemos aprender de ellas, buscando el origen mismo del universo, y, por lo tanto, de nuestra propia existencia. Y algunos solo escriben versos y poemas, canciones y cuentos, o miran al cielo para regalarle una estrella a aquella persona amada que se encuentra a su lado. Sea cual sea la sensación que evoquen en nosotros los fenómenos astronómicos, lo cierto es que nadie puede sentirse indiferente, son parte de nuestra cultura, observar el cielo nos permite vivir en esta tierra, fascinación que existe desde que el ser humano se irguió y levantó la cabeza para mirar hacia arriba.

Vivimos una época de avances científicos y tecnológicos sin precedentes, que han transformado nuestra cultura y nuestra manera de vivir. Sin ir más lejos, los satélites que hemos enviado al espacio permiten que hoy puedas estar leyendo estás líneas y, por lo tanto, haciendo posible que compartir nuestras opiniones con personas de todo el mundo sea algo trivial. Hoy podemos decir con certeza que la mayoría de las personas sabe bien que son y de que están hechas las estrellas, sabemos con precisión cuando ocurrirá un eclipse y que consecuencias trae consigo, sin embargo, esto no siempre ha sido así. Si alguna vez has tenido la suerte de presenciar un eclipse solar tal vez puedas estar de acuerdo en que es una experiencia poderosa, la oscuridad en medio del día, la baja de temperatura repentina, son cosas a las que no se acostumbra durante un día normal y que nos causan mucha impresión. Imagina ahora esa sensación hace 2000 mil años, cuando no existía el conocimiento que nuestra especie ha acumulado, ¿cómo crees que te sentirías? Resultaría natural pensar que se trataba de una cosa de los dioses, un castigo o un presagio. Por eso durante la antigüedad muchas culturas hicieron de esto una parte importante de su sociedad, dedicando templos para el estudio del cielo o plasmando en sus relatos estas visiones que hoy podemos estudiar para entender la cosmogonía de estas culturas.

El cielo para las culturas antiguas

La arqueoastronomía agrupa variadas disciplinas, como la arqueología, la etnografía, la estadística o la historia y se dedica a estudiar como estas culturas antiguas entendían el fenómeno astronómico y que papel jugaba dentro de su cultura. Cuando pensamos en esto, probablemente el primer sitio que se nos viene a la cabeza es Stonehenge. Este monumento data del año 3100 A.C., y si bien se desconoce el propósito de su construcción, esta hace pensar que tenía un uso principalmente astronómico, principalmente para determinar las estaciones del año, pues en el solsticio de verano el sol salía atravesando el eje de su construcción. Además, se han encontrado entierros a su alrededor, pero dada la cantidad, se estima que no era un cementerio de carácter general, sino que más bien a personas escogidas, lo que relacionado al significado de su construcción en piedra ligado al concepto de lo eterno, nos puede dar una idea de cómo vivían estos pueblos.

Si vamos a la antigua Mesopotamia podemos encontrar los zigurat, templos que eran construidos con la intención de acercarlos al cielo, y eran considerados moradas para sus dioses. Estos templos podían tener hasta 7 niveles y el relato bíblico de la torre de babel podría estar relacionado con la construcción de estos. El acceso a la parte superior estaba vedado para la población, y solo podían acceder algunos sacerdotes, quienes atendían las necesidades de estas deidades, por lo que su organización social en castas era determinante.

Un acercamiento un poco más moderno a la astronomía occidental lo podemos encontrar con los griegos, quienes usaron su observación del cielo para predecir los mejores momentos para plantar o cosechar cultivos o navegar, usando las estrellas como referencia, desarrollando calendarios basados en el movimiento del sol o la luna y elaborar las primeras explicaciones o teorías sobre la posición de la Tierra en el universo, las cuales se mantendrían durante siglos hasta la edad moderna con Ptolomeo.

En oriente, los chinos realizaban observaciones astronómicas precisas muchos años antes. Describieron cientos de constelaciones y realizaron el primer catálogo de estrellas, el registro de eclipse solar más antiguo también lo documentaron ellos (alrededor del 2100 A.C.). La posición del sol en el cielo determina algunos aspectos culturales, como por ejemplo la celebración de su año nuevo, que se basa en un calendario lunisolar propio, diferente al calendario gregoriano que se usa en occidente.

En América, probablemente los mejores representantes fueron los pueblos mesoamericanos, especialmente los mayas, quienes desarrollaron calendarios muy precisos, observando el cielo desde sus altas pirámides de piedra. Su cuenta del tiempo era mucho más larga (tenían por ejemplo el Baktun, calendario que considera un ciclo de 144.000 años), por lo que pudieron predecir con exactitud los periodos del sol, la luna, los planetas e incluso conjuntos estelares enteros, que marcaban por tanto estaciones, periodos de cosechas o fiestas rituales. En su sociedad eran también los sacerdotes quienes tenia acceso al conocimiento astronómico, por lo que el resto de las personas los respetaba y vivían de acuerdo con sus predicciones, construyendo y planificando sus ciudades en base a estos conocimientos.

La visión de nuestros pueblos originarios

Finalmente, si nos acercamos a la cosmología de nuestros pueblos originarios, nos damos cuenta que si bien ellos no eran grandes astrónomos ni observadores del cielo, si asociaban la aparición de ciertos cuerpos celestes con ciclos o como presagios. La ausencia de alguna estrella en el cielo, por ejemplo, podía ser presagio de una catástrofe o la celebración del año nuevo mapuche, conocido como We Tripantu, que fue y es la creencia de un periodo de renovación tanto espiritual como para la agricultura. Este momento coincide con el solsticio de invierno (el día más corto del año) por lo que, a partir de ese día, los posteriores se van alargando hasta el solsticio de verano. Los mapuches resignificaban este día de diversas maneras, en la construcción de sus rucas, orientaban la puerta hacia la salida del sol, por lo que en los días del solsticio podían determinar el ángulo de los primeros rayos del sol y saber cuándo se acercaba ese día. Otro método consistía en observar la aparición de las pléyades (a quienes ellos llamaban “Ngau”) en el horizonte antes de la salida del sol.

Es importante destacar entonces lo que el cielo significaba para las antiguas culturas, no importando mucho su latitud o longitud en el globo, era un recordatorio del paso del tiempo, el inicio de ciclos importantes para su supervivencia y el entendimiento de su conexión espiritual y cosmogonía. Hoy con nuestra tecnología actual no pareciera importante determinar el mejor momento para cosechar, pues incluso hemos creado ambientes artificiales para hacerlo. No parece tampoco sensato atribuirle características de personalidad o asignarle un destino a la gente por las estrellas bajo las cuales nacieron, pues comprendemos las implicancias de la gravedad o la radiación cósmica en los seres vivos. ¿Cuál es el significado entonces que le podemos atribuir? ¿Qué se dirá en 1000 años sobre la cultura humana y como percibía el cielo en nuestros tiempos? Pienso que el anhelo de la humanidad está ahí, al mirar las estrellas, le impulsa un deseo de alcanzarlas, y si la humanidad ha logrado llevar a cabo hazañas como cruzar los vastos océanos, llegar a los lugares más inhóspitos de la Tierra o surcar el aire en sus aviones, será cuestión de tiempo para que podamos ascender al espacio y quizá mirar la Tierra desde otra perspectiva, como una estrella más en el oscuro cielo de un planeta lejano, usándola como guía para determinar nuestro propio tiempo en aquel cuerpo estelar.


(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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