“Ritmo 0”: Performance, violencia y el cuerpo como objeto.

Marina Abramovic y algunas ideas sobre las condiciones de la cólera:

Entre 1973 y 1974 la artista  serbia Marina Abramovic a sus 23 años utilizó su cuerpo para realizar una serie de performance que la llevaron a experimentar los límites del cuerpo y para explorar los límites de la sociedad. A través de estas puestas en escena, se exponían de manifiesto las zonas oscuras y ocultas que habitamos en una suerte de diálogo con el inconsciente social, hurgando aquellos lugares que están bajo la epidermis social, y que no son capturables ni explicables solo con el “sentido común”. Quizás de las obras mas interesantes de su carrera, porque hoy se dedica mas al “show business” que a otra cosa, y la lucidez de los primeros años fue opacada y consumida por el mercado. Pese a este presente, resulta interesante mirar en especial la performance Ritmo 0, que no deja de ser algo espeluznante más aun en estos tiempos de cólera donde podemos mirarnos, como si fuese un espejo.

Rhythm (Ritmo) es el nombre de varias performance que Marina realizó entre 1973 y 1974. En Ritmo 10, ella filma mientras con una mano abierta y apoyada en el suelo, apuñala los espacios que quedan entre los dedos. Cada vez que se corta, va cambiando el cuchillo hasta lastimarse 20 veces. Una vez grabado el sonido de este acto, ella lo reproduce mientras vuelve a replicar al son del audio los mismos aciertos y errores. En esta performance se pone en juego el concepto del tiempo y la repetición. El pasado y el presente se enfrentan. Llevando a la palestra la tendencia y las formas que como sociedad repetimos en actos, los círculos viciosos, que nos condenan como humanidad y en nuestras propias historias de vida. Así el pasado y el presente se enfrentan en una suerte de mito de Sísifo. Esta performance me hace recordar, la serie Dark, cuya trama versa igualmente sobre el tiempo y la condena a la repetición como forma de asegurar la existencia, pero cuando se nos devela en su miseria, es mejor romper los ciclos.

En Ritmo 5 ella realiza una performance donde se acuesta dentro de estructura la forma de una gran estrella a la que prende fuego. Producto de esta acción, ella pierde el oxígeno y se desmaya, situación de la que se da cuenta el público sacándola del centro

Al parecer, la estrella tenía que ver con la rabia que sintió durante su vida hacia la disciplina militarizada del comunismo soviético, pues fue criada en una familia que ella misma ha apodado la “burguesía roja”.

Ritmo 0: Una performance que termina siendo un experimento social:

Lo que aprendí es que, si lo dejas en manos del público, te pueden matar. Me sentí realmente violada. Me cortaron la ropa, me clavaron espinas de rosas en el vientre, una persona me apuntó con una pistola a la cabeza y otra la sacó. Esto creó una atmósfera agresiva. Después de exactamente 6 horas de terminar, como había planeado, me levanté y comencé a caminar hacia el público. Media desnuda, llena de sangre y las lágrimas corrían por mi cara. Todos huyeron escaparon, no podían enfrentarme como ser humano normal”

Marina abramovic

Llega así a realizar la que es quizás la más arriesgada performance y la que ha generado mayor debate, pues funcionó como un experimento social. En ella, Marina (1974), en El Studio Morra de Nápoles en Italia, dispone la siguiente escena:

Ella se pone al centro de una sala frente a una mesa que contiene 72 objetos los cuales pueden potenciar el placer o dolor, los elementos eran un látigo, un libro, pan, un cuchillo, unos zapatos, un hacha, vino, unas tijeras, un peine, uvas, un martillo, clavos, un trozo de madera, azúcar, agua, un espejo, una pistola con una bala, una pluma, un periódico, pintura roja, una manzana, sal, una bala, pintura blanca, un lápiz de labios, un frasco de perfume, una medalla, una cuchara, una flauta, un abrigo, una campana, un sombrero, un bastón, agujas, un pastel, una boa de plumas, una bufanda, una vela, un pañuelo, cadenas, un broche para el pelo, un hueso de cordero, unas flores, un tenedor, un cuchillo de bolso, una rama de romero, pintura azul, algodón, alcohol, cerillas, una banda adhesiva, una caja de cuchillas de afeitar, una silla, un escalpelo, una rosa, jabón, hilo, cuerdas de cuero, una pipa, un broche de seguridad, una pluma de ave, vendas, una lanza de metal, una sierra, un folio, un plato, azufre, aceite de oliva, alambre, un vaso, miel, una cámara Polaroid. Además, dejó sobre la mesa unas instrucciones que decía: Soy un objeto. Todo lo que está sobre la mesa puede utilizarse en mí. Asumo toda la responsabilidad, incluso si me metan. Tienen 6 horas. (18h-2 am)

Las 3 primeras horas fueron más bien tímidas o podríamos decir amables y benévolas, la gente se le acercaba para darle agua, un beso, pero pasadas las tres horas, las acciones y los elementos elegidos se volvieron cada vez más violentas, un hombre tomó unas tijeras y la desnudó, escribieron «END» en su frente. Cargaron el revólver y lo pusieron en su mano con el cañón dirigido hacia su cuello, situación que exalto al público e hizo que se pelearan entre ellos. Dispusieron su cuerpo en la mesa con las piernas abiertas y ubicaron un cuchillo entre ellas. La rosa que en un primer momento fue un presente la enterraron en su piel y un hombre corto su cuello con un cuchillo.

Una vez finalizada la performance, Marina comentó que si no la violaron fue porque habían mujeres acompañando a sus maridos, pero que a su vez, estas motivaban a los hombres a que la dañaran.

La artista planteó que esto la había hecho reflexionar: si se dan las condiciones las personas van a matarte. Aquí es donde nacen una serie de preguntas sobre la condición humana y la banalidad del mal. Entonces te preguntas, ¿cómo un papel que diga y asegure “soy un objeto, puedes hacerme lo que quieras” genera que le quites la condición humana o de vida a quien tienes enfrente?, si esto lo provoca un papel, ¿qué ocurre con un programa político como el nacional socialismo o el fascismo?, ¿cómo ese papel se transforma en realidad social?, ¿qué condiciones son las que tienen que darse para que, como dice la artista, las personas maten a otras siguiendo órdenes, sin reflexión, en este caso la orden de un papel?, ¿cómo puede torcerse de ese modo la experiencia de los sentidos y la reflexión frente a un misero papel? Además, hay que considerar que los objetos que estaban sobre la mesa podrían haber (como ocurrió en las primeras tres horas) promovido el bienestar de la artista, la compasión o la ternura, pero justamente la acción de la audiencia se fue tornando con el pasar de las horas en una compulsión irracional de violencia contra la artista. Salen aquí los demonios y las oscuridades que cargamos al vivir en un sistema que nos “educa” en la cosificación y nos forma para que operamos dentro de un sistema que nos insta al dominio y la sumisión. A que abusen de nosotres y que abusemos cuando así se mandate o nos encontremos en una posición de poder frente a un otrx, a la utilización y promoción del uso y abuso depredador de lo que disponemos. Esta situación resulta tremendamente preocupante, pues si este efecto, estos niveles de violencia lo logra un papel, pensemos entonces que ocurre cuando existe todo un aparataje político y mediático que está promoviendo deshumanizaciones ya no solo como meras órdenes o apelaciones, sino que además se recargan de una producción del discurso cargado de cólera y odiosidades. Pensemos en los nazis contra los judíos, por ejemplo en Alemania, o en los Judíos contra los palestinos hoy. A manera local pensemos en lo que hicieron las dictaduras latinoamericanas contra los estereotipos formados acerca de los/las comunistas y marxistas, estereotipos que antes que una disputa en el campo de las ideas se transformó en una verdadera caza de brujas medieval, promoviendo todo tipo de cólera y odio contra el enemigo interno o la enemiga interna. No son personas, son monstruos, cosas, hay que exterminarlos (el fetiche de la irracionalidad). La dictadura y su justificación de la masacre, la cosificación la monstruosidad, ocultando aquí las condiciones de la guerra fría y la obediencia ciega de estos “patriotas” a las directrices del Pentágono y la burguesía internacional.

O Lo que ha ocurrido por siglos con el pueblo mapuche o con los y las negras, donde las institucionalizaciones de los discursos y las prácticas del maltrato y la cosificación han sido suscitadas generación tras generación. Situación similar ocurre con la situación de las mujeres y las disidencias. En el caso de las mujeres, la cosificación que produce el patriarcado ha promovido a instalación implícita y explicita del uso del cuerpo de las mujeres como aparatos reproductores, como satisfactores sexuales de hombres, como trabajadoras domésticas invisibilizadas, y un enorme etc. Cosas, anulando en términos sociales/individuales la capacidad reflexiva propia para considerar los daños que se ejercen sobre nuestros cuerpos. Los feminismos han develado las más férreas disposiciones de odio contra las mujeres: feminazis, luchonas son solo una muestra de los epítetos con los que se han referido a nosotras. Para las disidencias la lesbofobia, la homofobia o la transfobia son discursos de odio que promueven también la cosificación a partir del odio, despojándoles de su condición humana.

Los discursos de odio y las prácticas que los avalan dan cuenta de la irracionalidad y la promoción de la colera con que operan las relaciones humanas y como frente a ciertas condiciones dadas se despliegan esas formas de relación entre amo-esclavo, sujeto-cosa, en un sistema que parece conducir el placer hacia el poder.

Pero aquí hay otro factor a considerar, que es la obediencia. La obediencia ciega y absoluta, en este caso a un papel. Viendo esta performance me pregunté inmediatamente por la anulación del pensamiento propio, pues aquí, no hay discursos que promuevan el odio, más bien es una orden, una apelación emanada por un papel frente al cual voluntariamente anulas tu pensamiento autónomo y tu racionalidad. Pienso la Biblia cuando se plantea que dios dispuso al resto de los seres vivientes para la satisfacción de las necesidades humanas. Animales cosa, naturaleza cosa, dispuesta ahí para disposición de otrxs. Como la artista en su performance. Mientras tanto el capitalismo como producción humana, obedece y depreda el mundo. Pero pienso también la Dictadura cívico – militar y los cientos de torturadores, asesinos y violadores que andan sueltos aun por las calles de este país, y cuya justificación es que seguían órdenes. Hanna Arendt, filosofa alemana refiriéndose al juicio del Nazi, Adolf Eichmann, plateaba que no era la maldad lo que había empujado a las SS a cometer los más grandes crímenes contra los y las judías en los campos de concentración, sino que este era el despliegue de la técnica burocrática, que promueven los sistemas modernos. Donde a partir de una racionalización cimentada en operatividad y el pragmatismo, se negaba el pensamiento reflexivo para engranarse a sí mismos en el aparato técnico del poder burocrático.

He aquí la banalidad del mal, Arendt planteaba que cualquiera de nosotres podría operar bajo estas circunstancias, intentando cumplir lo mejor posible la misión encomendada. Y, ¿no hemos escuchado eso también de policías en estos meses de protesta?

Tras cada asesinato y mutilación, violencia física y sexual, hay algo de esta banalidad del mal que encuentra su legitimidad en los discursos coléricos.

Hoy en pleno siglo XXI, vuelven los discursos de odio, la cólera, la irracionalidad medievalesca y las caricaturas blanco/negro, son promovidos utilizando la pereza mental y las producciones históricas binarias del adentro/afuera, sujeto/cosa, humano/animal, humano/monstruo, para manipular y conducir malestares legítimos, pero que encuentran explicaciones fáciles cómodas perezosas y dicotómicas en estas pseudo verdades mitológicas.

Este texto, es un llamado a la autonomía de pensamiento y acción, en un mundo en transformación y en medio de la incertidumbre que provocan estos cambios, es un llamado a la reflexión profunda, humana y espiritual que debe acompañarnos en el porvenir y en nuestras prácticas, es un llamado a no renunciar a las preguntas, al pensamiento crítico y autónomo y a mirarnos con autocritica, es un llamado a cuestionar, a abrirse a la empatía, a la desfetichización de la vida, es un llamado al quiebre de paradigmas binarios partiendo por deshacernos de las relaciones objetivadas, estar atentxs cuando las reproducimos y a practicar relaciones desde lugares empáticos y recíprocos, y que la cólera que sentimos frente a la injusticia no nos ciegue volcándonos contra nosotres mismes.

Que la colérica furia que sentimos frente a los horrores, las injusticias y los engaños de esta sociedad y su naturalización de la violencia sea fuego transformador… hasta alcanzar el equilibrio con todxs los seres vivientes, hasta la comunidad!

(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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