Ser asamblea a un año de la revuelta

Relatos desde el feminismo

A un año del estallido social que se vivió en Chile, quisimos como asamblea  realizar este pequeño recuento de nuestra experiencia y el  camino que hemos aprendido a recorrer en estos meses extraños, fuertes y llenos de hechos históricos de los que hemos decidido formar parte.

Presentaremos 4 relatos nacidos de la escritura libre, y las ilustraciones de nuestra compañera Meli,  hechos con mucho amor y rebeldía, para así plasmar y  colectivizar  sentires, emociones y recuerdos de nuestra bella comunidad feminista  de clase y anticapitalista.

A ti, que te llevo dentro, hasta la raíz:

 Voy contarte de ellxs, a quienes llegué durante el proceso más lindo, pero complejo, tanto social como interno. 

¿Sabes?, después de ti todo era miedo, ansiedad, frustración, adaptarse a los cambios abruptos, y resignación de la situación que estábamos pasando. ¿Suena difícil no?, y es que lo fue. Desconecté mi cuerpa y mi alma de mí y pasé a ser solo para ti. No lo hagas, nunca lo hagas, debes ser siempre tuya. 

Con el estallido, la revolución de colores, de voces, de cuerpas, de ganas de cambio y hambre de lucha todo comenzó a funcionar lento, como un viejo engranaje al que le hacía falta un poco de amor, pero ya me conectaba. 

Un día, no recuerdo cómo, me vi en un círculo, mirando a los ojos a personas desconocidas, pero sintiéndome más en familia que nunca. Ahí lo supe todo. Somos diferentes, en color, en forma, en ganas, como la vida misma. Pese a esto me hicieron saber que estoy donde debo estar y que ya nunca más caminaremos solas.

Llegué sin saber cómo, pero es un lugar donde me quiero quedar, aquí he encontrado increíbles personas. Te cuento esto, mi pequeña, porque en este caminar te encontrarás con muchas cuerpas andantes, pero debes quedarte con quienes te hagan sentir así, en casa. 

El camino se recorre con el apañe, el aguante y el amor común de la lucha. Busca tu manada, primero en ti, para que cuando llegues con la correcta lo sepas, ya que, sin ser nada, te harán sentir que eres perfecta, que podrás con todo, pero más que lo anterior, sabrás que lo lograrás, porque lxs tienes, porque están, y siempre estarán. 

Son un sendero marcado, son corazones impecables, sonrisas luminosas y cuerpas pero sobre todo almas hermosas. 

Llegar al círculo me hizo saber que somos una y que de una a la vez lo logramos todo, porque llevamos el mismo fuego en el alma, el mismo amor por la otra, y nos abrazamos sin tocarnos desde donde sea que estemos.


Mi pequeña raíz, el sol que calienta hoy tus huesos no será el mismo, mañana caminarás de la mano de tus compañeras y rugirán sus almas en la lucha, conocerás como yo el amor y la sororidad de tus hermanas, compañeras y amigas. Es todo lo que deseo para ti.

Con amor eterno, Mamá.


Revolucionar desde el amor:

Cuesta creer cómo llevábamos la vida antes de encontrarnos, cómo le hacíamos frente a la mecánica de la vida al servicio de la producción, rutinas que día a día cortaban nuestras raíces y nuestras ramas. Pareciera que la revuelta por fin le dotó de sentido a tanta lucha externa e interna, porque por tanto reclamo público que hubiera, eran nuestras vidas y nuestros sentires íntimos los que ya no podían soportar tanta usurpación y tanta aniquilación hacia nuestras ganas de florecer. La revuelta se sintió tan natural, porque por fin todas nuestras rabias, penas, frustraciones, anhelos, proyectos y visiones se gritaban fuerte, incendiando tantas calles que por primera vez veían barricadas, y que sus vecines por fin se unían, se conocían, se juntaban a conversar cómo construirnos de nuevo, siendo un gesto tan simple y a la vez tan desafiante al individualismo que se propagó en la dictadura y que permitió imponer este neoliberalismo que nos lleva matando tantos años. 

Pero la lucha también tiene luchas, y el despertar de algunos no necesariamente significó seguridad para nosotras/es. Y nuevamente, desde la naturalidad de nuestros sentires, dejándonos llevar por la corriente de nuestras emociones, casi como si fuera por instinto, muchas/es llegamos a círculos feministas como este, en donde comprendemos formas de desafiar el patriarcado y el capitalismo desde nuestros lazos, desde lo que nos remueve el corazón, desde lo que nos dice la guata, desde lo que nos manifiesta la cuerpa, y es que la sororidad es tan revolucionaria. El hecho de que nos necesitemos para sanarnos, apapacharnos y fortalecernos ya es un peligro para el capitalismo y el patriarcado que nos quiere sumisas, desunidas, y compitiendo entre nosotras/es. Una plaza, pastos y árboles, un círculo de compañeras/es otorgando sus sabidurías y experiencias, organizándonos, compartiendo la once…. no necesitábamos más para empaparnos de amor y ternura. Nos cuidamos no solo en la calle, porque sabemos que, como mujeres y disidencias, hasta la casa es un lugar de disputa. Muchas cosas que incomodaban y violentaban cobran sentido y se hace tangible poder sanarlas, sanarnos de lo que nos han recriminado y quitado en tanta vida, combatirlas, y no sólo destruirlas, sino que ahí mismo, entre nosotras/es, poder construir y reconstruirnos, desde nuestras raíces porfiadas que siguen creciendo, desde nuestras ramas testarudas que siguen floreciendo. Y esa sensación es tan reconfortante como para querer soltarla. Saber que desde ahora en adelante tenemos compañeras/es que nos acompañan en este camino, es de un valor tan tremendo, que la brutalidad del patriarcado nunca más podrá volver a callar. Mucho menos podrá callarnos una pandemia, que solo ha hecho más audible nuestros ecos y nos ha confirmado que no importa el escenario, las mujeres y disidencias seguimos pagando caro y nos necesitamos más que nunca. 

Estamos cargadas/es de lucha, de heridas, de tajos abiertos que aprendimos a sanar entre nosotras/es porque los compartimos, porque son los mismos o parecidos y porque más que dolor, somos fortaleza, somos ríos que desbordan y movilizan todo a su paso, porque el caudal nos quedó chico, porque tenemos tanto por revolucionar desde el amor que nos inunda al compartirnos.


Hermoso encuentro post estallido


Durante  todo el inicio del estallido mi labor se fundió entre las calles y el maternar, las primeras  noches  nos turnábamos con mi compa para ir un rato a la barricada en el metro y cuidar a las niñas en la casa y los viernes las idas a la plaza dignidad donde mi hija de 16 era mi compañera, junto a otras amigas que también compartían el fervor y el tener hijas de la edad, así nos apañábamos y nuestras hijas también, entre nosotras todo fluía en protegerlas y admirar aquel momento histórico y en las calles vibraban los abrazos, les herides y el olor vomitivo de lacrimógenas. 

Por instantes me sentía vacía, viendo cómo se formaba aquella potente primera línea y mis dedos históricos transpiraban por estar ahí y a la vez algo en mí no pertenecía y aquellas formas no se  reconocían en mi ser mujer hoy, me sentía feliz de compartir este momento con mi hija y compañera, a pesar de que se perdiera la libertad de correr al riesgo (riesgo que con el tiempo nos dimos cuenta que eran ojos y vidas).

Habían momentos en que no encontraba el rumbo a la lucha que después de tanta pega me explotaba en la cara…, pero un día apareció esta bella convocatoria en la plaza del 20, llegamos con mi compañerita un domingo, éramos muchas mujeres congregadas en el espacio, todas las edades, los sueños y las experiencias palpitando en ese lugar, este fue el inicio de amistades y compañerismos que aún resuenan en la construcción territorial y en el hermoso tiempo que hoy le dedicamos a sostener un colectivo feminista amoroso, contenedor, lejos de competencias burdas y prácticas egoístas y violentas.

Resuenan momentos como cuando llegué corriendo a la comisaria, luego de haber conseguido que alguien cuidara a mi hija menor, el violador eres tú sonaba fuerte! mi rabia se expandía y mire para atrás y las vi, algunas rayando otras cantando, otras gritando conmigo, miradas cómplices que llenaban la soledad o los malos momentos en tantos años de lucha o cuando ya quedábamos pocas en la plaza, el boom del inicio había bajado, la normalidad se acercaba, pero siempre llegábamos las mismas, la acción no para, cada proyecto florece, se alimenta de esa autonomía, de la voluntad aunada en campañas y propaganda, nadie se ofuscaba frente a lo precario o la falta de gente, si necesitaban manos, bueno multiplicábamos el esfuerzo. 

 Creo que es ahí, en ese círculo donde dejé de maternar para maternarme en la lucha, donde se acabó ese hacerse cargo  de compañeros que muchas veces convertían los espacios en imposiciones y desvalorizaciones  constantes, lugares donde el masculinizarse era necesario para hacer valer tu opinión, o el exponerse y ser siempre de avanzada validaba el ser mujer en medio de orgánicas hechas por hombres y para hombres cis, se acaba en ese momento la idea de que para organizarnos no se necesita saber cómo estuvo tu día o compartir un abrazo caluroso y un tecito rico. Aprendí en este espacio que  la ternura es la base, la empatía el pilar y el fuego contra el capital  la punta.

 Así, a pesar de que hoy comparto estas energías en otros espacios políticos, sé que hay un lugar que no deja de funcionar, que post estallido y en medio de una pandemia mundial se ocupó del hambre, de les niñes y sus desayunos, de la necesidad de menstruar con amor y conciencia, un lugar que es de clase, donde tenemos claro nuestro enemigo, donde una levanta la mano y otra la toma. Un lugar que aprende a romper mandatos en nosotras y nosotres y en las masculinidades que nos rodean. ¡Somos feministas de clase, somos amigas, somos compañeras unidas en la lucha contra el patriarcado!

 Encarnando la resistencia  

Caminar desde donde sea de vuelta a mi casa solía ser nervios densos hasta que surgió la junta en la plaza. 

La confianza y las palabras brotaron a base de una furia dulce  compartida
de plantas carnívoras con un hambre gigante de destruir para construir de nuevo con ideas explosivas traducidas en cálida compañía y abono para una guerra que, 
a pesar de ser de miles, en el barrio solitaria se sentía al igual que aquellas eternas caminatas que dejaron de serlo y que hoy en día tienen suerte de disfrutar tranquilas la brisa, pues sé y sabemos que somos caleta, habitando cada rincón y encarnando la resistencia.

Palabras finales

Hoy, a días de volver a encontrarnos presencialmente, a días de volver a abrazarnos en la plaza, en esa plaza que tantas luchas, conversaciones y rebeldías albergó al calor de nuestro amor, sororidad y convicción, hoy, cuando faltan pocos días para cumplirse un año de la revuelta popular, a casi un año de ese glorioso 18 de octubre, donde como puebla nos levantamos, hartxs de esos discursos de progreso y crecimiento que a nuestras poblaciones, a nuestras familias, a nuestras comunidades nunca llegaron, pero donde la solidaridad de clase no faltó.

Con el pasar de este año hemos crecido como mujeres, como compañeras en un trabajo a pulso, con la convicción de que es posible construir un mundo donde mujeres, disidencias y niñes podamos habitar en comunidad, en compañía, en el abrazo y en el encuentro de nuestros saberes. Hoy salimos a la calle con la esperanza de un mundo nuevo, donde sea posible vivir en armonía. Con esta misma esperanza y convicción llamamos con claridad a no soltar las calles, a marcarlas a fuego, a continuar la revuelta popular, a organizarnos, a generar los cambios, a luchar por la construcción de ese mundo nuevo en ese abrazo que tanto nos costó encontrar y que con acuerdos quisieron callar. 

Por nuestrxs muertxs, por nuestrxs presxs, por nuestrxs mutiladxs, por nuestrxs torturadxs, por nuestra puebla y por nuestra dignidad, no se apagará el fuego de nuestros corazones, y nos seguiremos encontrando en las calles al calor de la organización, al calor de ese caceroleo y de esa barricada que han marcado nuestra historia.

Que esta primavera florezca en rebeldía.

VENCEREMOS!


Asamblea de Mujeres y Disidencias de Trinidad, La Florida. 

Octubre, 2020.


(su) realidad fermentada Es un espacio que busca disputar la hegemonía cultural e informativa que deriva del capitalismo patriarcal colonialista.

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