SOBRE LA COSIFICACIÓN DE LA CÓLERA

REACCIÓN PATRIÓTICA E INSURRECIONALISMO

partido del orden

“Hay que cambiar las piedras por lápices” reza el mantra del Partido del Orden frente al escenario político que fue abierto a la fuerza en Chile. La estrategia es bien conocida y consta de la puesta a punto de la maravillosa máquina que es el Estado y el poder a la hora de sublimar energías de cambio que implosionan dentro de las pútridas relaciones de producción de turno. Se le plantea entonces un dilema a la ciudadanía, uno que es de conocida resolución y que dice así: caos, cambios, incertidumbre, o institución, orden y regularidad. Esto es, ¿tres horas en micro a la pega o dos horas en el metro?, ¿protestas constantes que sientes cada vez más lejanas o semáforos y orden vial?, ¿seguir comprando en el comercio local o volver a los malls y superhipermercados?, ¿esperar con impotencia lo inédito o volver a confiar?  La respuesta ciudadana es clara y no hay escándalo en ello o al menos no debería haberlo y el poder, esa bestia maravillosa que huele la más mínima vacilación, sabe que es así.

El partido del orden

El Partido del orden entonces, esta gran alianza tácita de administración de las relaciones sociales en derrumbe por las contradicciones del capitalismo, aplica una vieja fórmula para superar esta nueva crisis. Pero esta vez, como corresponde a un Estado OCDE poseedor de una democracia “plena” obligada a mostrar mesura en la resolución de sus problemas. Así es como la respuesta de la gran alianza interclase por el sostenimiento del orden, propone una agenda de votaciones tan álgida, apretada que, al menos, abruma con un simple vistazo. Entre 2020 y 2021, se cuentan ocho procesos eleccionarios que se abren con el plebiscito de entrada para la nueva constitución y termina con la ratificación de salida del texto final. En el camino se pueden contar las elecciones de gobernadores, alcaldías, senadores, diputadxs y finalmente la presidencial misma. Para resumirlo, se propone una potencial renovación de la institucionalidad y su principal llave de modificación que es la constitución, además de un recambio de moradores de dicha institucionalidad desde el/la presidente hasta las alcaldías. La oferta de la neoconcertación 2.0 entonces, con la exclusión de los extremos y la naciente socialdemocracia mesurada amiga de la economía social de mercado, pero de un Estado garantista de derechos básico, está sobre la mesa. ¿Qué otra opción hay?, ¿qué hacer frente a una decisión que no tomamos pero que debemos escoger si validar o no?, ¿sostener una revuelta localizada en unos cuantos puntos en las grandes ciudades?, ¿habitar las asambleas locales hasta el punto de crear poderes paralelos, en algún momento, quizás?, ¿sabotear infraestructura capitalista hasta que las pérdidas económicas y morales lleven de alguna forma -que desconocemos- al fin de las relaciones sociales de producción capitalistas?, ¿crear redes de apoyo, de abastecimientos, de educación y esperar a que suplan el alcance y volumen del Estado, para finalmente presentarse como una solución viable a la institucionalidad?, ¿pensar, reflexionar, criticar o aportar a desanudar el problema real que supone un mundo nuevo?, ¿crear -o quizás mostrar, porque tal vez ya existen- imaginarios oníricos que apunten en una dirección divergente de la devastación? Metafísica para el buen ciudadanx, magia negra para el poder. La urgencia de la situación siempre se termina por comer la necesidad de las posibilidades. Pérfido escenario es el que se abría en esa oscura tarde noche donde lxs que nos ahogamos con el mismo gas que llevo a la muerte de Abel Acuña, mirábamos con completo desazón esta vieja jugada del Partido del Orden: tómalo o déjalo, total, ¿qué otra opción tienen?. La cólera proletaria que emerge furiosa ante los embates incesantes de precarización de la vida y que fuerza una apertura de la institucionalidad burguesa en un intento desesperado por posicionarse como la alternativa de orden, modificación frente al caos y el desgobierno. Es en esta última dirección, en donde la captura de la imaginación muestra su verdadero alcance: la imposibilidad de pensar un mundo otro, fuera de las promesas siempre rotas de la democracia burguesa/dictadura del capital. Pero también, nos muestra el lado contrario de todo evento que augura el fin de un orden social: la reacción.

¿AGOSTO DEL 73´?

Marx, parafraseando y complementando una frase de Hegel, señala que todos personajes y situaciones históricas aparecen dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa. Siempre hay un mal imitador, con el discurso, pero sin la épica, con el titular, pero sin el contenido o con la épica, pero sin la profundidad, que repite las grandes gestas anteriores. Consideremos en primer lugar, la situación de polarización extrema de la vida social en los estertores agónicos del gobierno de la UP, saboteado por el capitalismo internacional en contubernio al mundo civil y militar afín; el odio entre bandos políticos, los enfrentamientos callejeros, los choques de manifestaciones y los grupos paramilitares en defensa o rechazo al gobierno popular. Agosto de 1973 está marcado por esa creciente cólera entre bandos, que tiene su punto más álgido a nivel institucional en la declaratoria de la Cámara de Diputados donde establece que Allende quebranta gravemente la constitución vigente acusando al presidente de estar “permitiendo y amparando la creación de poderes paralelos, ilegítimos, que constituyen un gravísimo peligro para la nación”, haciendo una clara referencia principalmente a los Cordones Industriales que tan solo dos semanas después advierten al Presidente en una misiva sobre el fin de proyecto reformista y la amenaza del horror que se cierne sobre el proletariado chileno. Conocida es la historia de la gran conspiración financiada por los EEUU, la CIA y partidarios locales de este bando en el contexto de la Guerra Fría, que terminaron en el golpe de Estado de septiembre del 73’. Es una historia lo suficientemente contada.

Hoy, ciertos sectores políticos que se cuadran tras la postura del Rechazo, que abarcan una diversidad de matices ideológicos que van desde el neoliberalismo, pasando por la llamada derecha social y hasta el antiglobalismo de raigambre nacionalsocialista, afirman que el periodo político que se abre desde la insurrección de octubre es un ataque concertado a la democracia chilena, su institucionalidad y su modelo económico. La así llamada revolución molecular disipada que ha sido detalladamente descrita por uno de los portavoces de la reacción chilena, el director y  principal figura del canal de youtube RST Chile Alexis López Tapia, tomando como referente teórico la influencia que supuestamente tendría el libro del mismo nombre -de Felix Guattari- en la “izquierda” internacional y en particula en la latinoamericana. Así es como la tesis que toma prestada y aplica López Tapia puede ser resumida en su forma general, así: la izquierda internacional por medio de sus agentes nacionales, dispersos en espacios de poder institucionales y no institucionales, con filiaciones políticas que van desde el nihilismo insurreccional hasta ciertos parlamentarios oficialistas que están por el la Nueva Constitución, han trabajado sistemáticamente, pero de manera dispersa y sin vinculación -esto es, en forma de rizoma– por el desencadenamiento de una insurrección a nivel nacional, con el fin de que la violencia desencadene un proceso político que inicia con el cambio constitucional y que termina con el establecimiento del socialismo/comunismo en Chile.

Sobre esta osada tesis política, se pueden decir varias cosas. La primera, es que carece de antecedentes empíricos en la vinculación que se establece entre diversos hechos y situaciones que sí son empíricamente constatables. Bien distinto es, decir que un evento A sucede en B, que decir que A provoca a B. Son relaciones lógicas de diversos tipos y una no contiene necesariamente a la otra. La causación o implicación material o relación de causa y efecto, es distinta a la relación lógica de pertenencia, o de inclusión. Es absolutamente distinto decir que el miedo provoca la ira, que decir que la ira y el miedo se dan simultáneamente una dentro de la otra. Un ejemplo de aplicación de esta falacia de causa falsa, es el ya conocido relato que intenta establecer un vínculo entre los diversos ataques a la infraestructura capitalista en las jornada insurreccionales del 18 y 19 de octubre, con algo más que la cólera proletaria desatada por la precarización capitalista de la vida. Extraer la conclusión de que es un ataque planificado, aunque “molecular y disipado” a partir de los horarios, lugares y características de los eventos, provoca una tesis que no tiene sustentos más que los discursivos e ideológicos. La transición lógica entre la premisa y las conclusiones, está fundamentada en supuestos no verificables, que solo puede ser postulados desde una mala fe o bien, desde una pretendida intelectualidad. Pero esto no es lo importante: la política no necesariamente debe partir de verdades, solo hace falta un relato o ficción creíble.

Así es como, hipotetizar sobre una izquierda de densidad política tal que logra copar invisiblemente los espacios del poder entraña una finalidad política extremadamente necesaria para la reacción y su discurso: el antiguo enemigo marxista se ha rearticulado en una nueva modalidad que es “informal y sin líderes”, por tanto el deber patriota es organizar la reacción frente al caos desatado por la insurrección en curso, cuestión que si bien despierta consenso en el amplio espectro de la reacción, no convoca por el momento, debido a la dispersión y pugnas internas de este sector. Por supuesto también, gracias al descrédito ganado por algunos payasos que difunden videos por youtube, invitándote a financiar la causa patriota, depositando en su cuenta o la de su papi.

«Vanguardia» fuertemente equipada para enfrentarse al espectro siempre acechante

En este sentido, creo que es posible leer la actitud de López Tapia y la sagrada familia frente a la situación política actual, utilizando la vieja figura psicoanalítica de la proyección como mecanismo de defensa del yo. Huelga decir, no quiero señalar que López Tapia esté delirando ni mucho menos -o mucho más-, sencillamente quiero hacer notar que hay una actitud de fondo que se quiere hacer pasar por rigurosidad intelectual. En una frase: se responsabiliza al otrx de una intención o evento, que el yo reconoce en sí mismo, pero que causa gran conflicto en la propia percepción del yo. En palabras de Freud “en la paranoia, el reproche es reprimido por un camino que se puede designar como proyección, puesto que se erige el síntoma defensivo de la desconfianza hacia otros; con ello se le quita reconocimiento al reproche, y, como compensación de esto, falta luego una protección contra los reproches que retornan dentro de las ideas delirantes.”[1]. Más simple todavía: lxs conspiradores, lxs sedientos de la ley de facto, del golpismo y el estado de excepción suelen ver en sus enemigxs, aquello que añoran ocultamente detrás de su presentación pública de demócratas defensores de la patria. En la cultura popular a esto le llamamos “espejarse”, que consiste en ver en los demás lo que en verdad nos produce conflictos de nosotrxs mismxs. Actitudes, gustos, aspectos, etc. En este caso, la obsesión con la gran conspiración de la izquierda internacional, es una cualidad de la propia percepción del qué hacer político. Es una pregunta que me parece del todo interesante también, plantear si la reacción patriota acaso cree en lo que dicen, o si solo actúan creer en lo que dicen, atendiendo solo al resultado unificador y la supuesta épica de su discurso. ¿Un leninismo perfecto?, donde el decir es un simple acto pretérito del hacer, que es lo verdaderamente importante: la pregunta eterna ¿qué hacer?

¿Agosto del 73’? No. Solo los golpistas que añoran intervenciones militares y regímenes de facto, ven en la polarización política o la expresión popular de la cólera proletaria, secretos planes urgidos por décadas para tomar el poder por la fuerza.

Mientras se escribe este texto, el gremio de los camioneros aparece con una amenaza de paro indefinido, en caso de que el parlamento no acceda a aprobar una agenda de trece leyes en el parlamento. Una rápida revisión de ellas deja clara una cosa: es la agenda legislativa impulsada por la UDI, que busca afinar las capacidades represivas de los aparatos estatales, por si las moscas.

Que gran ejemplo este sector del gremio de los camioneros: primero como tragedia, después como farsa.

INSURRECCIONALISMO Y REACCIÓN NACIONALISTA

Modelo de revolución molecular disipada de Alexis Lopez Tapia

La reacción nacionalista se erige sobre la idea de orden, que emerge desde las supuestas bases comunes de la población en un territorio: sus héroes, sus himnos y sus costumbres. También de un hipotético ethos similar frente a la vida social, que habla de amor a la familia, a la patria y a dios. Echar mano a lo supuestamente común de un pueblo dividido en épocas de cambio, es una táctica conocida por el populismo nacionalista. En base de un sentimiento común, primitivo y básico, de fácil reconocimiento, los llamados de la gran tribu patria que invita a defenderse del invasor aglutinan sensibilidades en todos los signos políticos. En la cólera de la regularidad quebrantada, la reacción se alimenta en un estado de emergencia permanente donde el espectro comunista ataca, conspira y planifica deconstruir cada recoveco del ethos patrio. Allí donde no se puede ver, están; ahí donde dicen estar, están haciendo y donde no hacen, bueno, podrían estar también. La paranoia es un estado que puede ir de la mano de proyecciones generalizadas. Una muestra de esta condición es un simpático video de López Tapia, en donde establece que los soviets -consejos, en español- han copado el aparato del Estado al menos desde hace veinte años en Chile. La amenaza comunista digamos, estaría presente incluso en el Consejo de Defensa del Estado, por señalar solo un ejemplo. En ese sentido, la reacción de paranoia usual de ver enemigos en todas partes desata una cólera interminable ante la amenaza siempre latente del espectro; la cosificación de esa cólera constituye, a mi juicio, un elemento sustancial de la ideología reaccionaria nacionalista. Los límites nacionales, las guerras pasadas, la añoranza de generales y marchas ordenadas llenas de símbolos de la gran tribu nacional, se definen en parte por el estado de odio incesante por la diversidad o lo otrx. Es en la cólera sostenida por lo diferente, lo que no encaja y escapa del ethos nacional, lo que levanta la definición patriota reaccionaria. Los comunistas solo odian, las diversidades sexuales persiguen la heterosexualidad, los mapuches y otros pueblos originarios solo son legítimos dentro de la nacionalidad unitaria, etc. La cosificación, entonces, es ese momento en donde un sentir o emoción valida, legitima y natural del ser humano, es transformada en un concepto muerto que sustenta una ideología política. El museo de realidades cosificadas es grandísimo. En esta pequeña columna de opinión trataremos solo un caso más, para aclarar el punto.

Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS)

La cólera cosificada como elemento ideológico, también, da como resultado expresiones políticas como el insurreccionalismo. El hecho material de la rabia proletaria que si bien es y existe por sí mismo, al ser convertido en concepto muerto provoca un descalabro que, amparado bajo las teorías del fin de la historia, la desaparición del proletariado y la elevación del sabotaje como única arma política pertinente, se alza como una ideología que comparte la cosificación de la cólera que la reacción nacionalista utiliza. Por el momento, no hace falta profundizar esta crítica al contenido ideológico alienado del insurreccionalismo, el trabajo teórico-práctico pareciera haber sido completado en Crítica a la ideología insurreccionalista, de Proletarios internacionalista. Ahora bien, si es pertinente notar que la cólera por definición es una emoción que, si bien puede tener cierta prolongación en el tiempo, no es para nada un estado permanente ni eterno. Responde a estímulos y su procesamiento interno y en ningún caso constituye sujeto. En ningún caso digo, considerando un sujetx mínimamente equilibrado. Por ello todo pensamiento que intente erigir praxis desde el odio, está condenado a la impotencia. La impotencia lleva a la decepción y finalmente, los decepcionadxs siempre son lxs mejores candidatxs a la traición, la delación y los “cambios de bandos”. Recuerdo siempre las palabras de un viejo profesor que decía “los revolucionarios más fanáticos hace 30 años, hoy están en los directorios de las grandes empresas de este país administrando el capitalismo devastador. Mientras más fanatismo hay sobre una idea, más se cosifica la idea, por tanto, más impacta cuando la idea se desmorona, como eventualmente sucede con todas las ideas que se intentan hacer encajar a la fuerza con la realidad. Nada más clásico que la prístina definición de ideología creada por Marx: una “falsa conciencia” que invierte el orden real de las cosas, poniendo la idea o el concepto a interpretar la realidad, cuando es la realidad material la que crea los conceptos. Nada más difícil que andar haciendo calzar la realidad es una realidad teórica muerta y monolítica. Nada más impotente que ver como nadie entiende la gran verdad que baja del cielo de la insurrección permanente, o de la conspiración izquierdista internacional. Los fanáticxs son los primeros candidatos a la decepción porque nadie nunca está a la altura de sus oníricas verdades y sus revelados pensamientos.

La rabia, cólera, ira o furia proletaria en contra del mundo del capital es legítima, justificada y natural incluso a la propia existencia de la clase en tanto alienada y explotada. Y si bien la cólera en contra del capitalismo con sus expresiones cotidianas como el trabajo, los supermercados, las farmacias y el asqueroso metro, es útil, conducente e incluso deseable en ciertos contextos, su prolongación por la fuerza -por la fuerza de cosificarla- más allá del límite que exige el momento, resulta autoflagelante para la clase y sus objetivos históricos: el fin de la explotación y su reconciliación con la naturaleza.

En ese sentido y para finalizar, ¿es la profundización de la democracia burguesa un paso adelante en esa dirección?, ¿es la maquinaria estatal capaz de soportar el embate proletario sin resquebrajarse y terminar excretando sus posibles nuevos habitantes?, ¿es compatible políticamente -moralismos fuera- la participación en el aparato del Estado con una estrategia política que proponga su superación como parte del viejo mundo?, ¿es posible que la prefiguración de realidades alternas al capital sean la fórmula para ir de a poco transmutando el mundo de la mercancía en mundo de la vida? En suma, ¿cuál es la postura revolucionaria más eficaz y eficiente en estos momentos de confusión y tentación socialdemócrata, por un lado, y el nihilismo insurreccional autoflagelante, por el otro? Dejo estas interrogantes planteadas con el ánimo de intentar una respuesta en algún momento o mejor, intentas tú.


[1]          Freud, Sigmund. Obras Completas, Vol. III, Amorrotu. p. 183


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