Tiempos de Incertidumbre:

Una crítica a la certeza de estar encadenados y de la crisis como oportunidad

Sólo concebíamos como deber y destino el que cada cual llegara a ser él mismo, que viviera entregado tan por completo a la fuerza de la naturaleza en él activa que el destino incierto le encontrara preparado para todo, trajera lo que trajera.

Demian, Hermann Hesse

Sin duda ha de afectar a la gente de alguna forma –admitió el doctor–. Nos hemos acostumbrado a confiar ciegamente en nuestros sentidos del equilibrio y en la razón, y no sé hasta dónde puede llegar la mente cuando lucha con ferocidad por preservar sus propios patrones, tan familiarmente estables, enfrentándose a toda evidencia de que se están desviando. –Se dio la vuelta y añadió–: Vamos, nos quedan maravillas que contemplar.

SHIRLEY JACKSON., La maldición del Hill House

Algunos pormenores de los últimos 7 meses

¿Qué ocurrirá ahora? Me pregunto de vez en cuando en medio del insomnio nocturno, o las preguntas del despertar en las mañanas. ¿Fascismo, nuevo orden mundial?, ¿solo la violencia represiva puede ser la salida?, ¿será que estamos condenados a ser siempre estúpidamente sumisos? El control el disciplinamiento de los cuerpos, las normatividades ya conocidas se apropian de los lenguajes cotidianos, ¿volveremos a ocupar ensayos ya conocidos y estables de la no vida?, ¿estaremos condenadxs a la repetición eterna de la comodidad estable de la dominación? El 18 de octubre nos llevó a tensionar nuestros últimos 30 años de historia y desde allí, a comprender que esos 30 años están enraizados en una historia de colonización de más de 500 años. El Mundo Feliz de la sociedad del consumismo, el individualismo, la competencia y mercancía comenzaba a desestabilizar sus cimientos, el Soma1 ya no era suficiente. Como respuesta, lo de siempre con los bárbaros de siempre: represión, militares en las calles, mutilaciones, torturas en las comisarías, terror y las imágenes de la sangrienta y brutal dictadura que azotó estas tierras devela a la población de las catacumbas a las que la abrumadora “normalidad” las había relegado. Y pareciera que volvemos a revivir una historia que se repite una y otra vez. En este panorama desolador, otros lugares de habitar y relacionarnos se crearon y a la vez citaron viejas/nuevas prácticas de vida, otros lugares. Deambulamos por la alameda, por las calles, por las barricadas o los caceroleos, sin un fin inmediato, más que el paréntesis, un espacio habilitado para la vida. Se detuvieron momentáneamente muchos de los flujos y las formas de habitar la ciudad que eran parte de la certidumbre de habitar una Metrópolis como Santiago. En medio de este torbellino también vi descomponerse esas energías liberadoras, monstruosidades propias de sujetxs subjetivados por el neoliberalsimo patriarcal y colonial que, pese a sus resistencias sociales, las cruzadas internas eran ganadas momentáneamente por patrones estabilizados de narcisismo y prepotencia en un ethos neoliberal. En ese contexto, la pandemia del Covid y la crisis sanitaria volvieron a cambiarlo todo nuevamente: De las reuniones y protestas masivas, de los bailes, las fiestas, la lucha callejera, la angustia por lxs presxs, ahora pasábamos al enclaustramiento al encierro. La crisis social y crisis sanitaria que atravesamos nos ponen a prueba y pareciera que en 8 meses ya hemos vivido 2 pre Apocalipsis y como 50 años de existencia. La situación en el mundo no va mucho mejor, y las revueltas en el primer mundo apuntan a que los panoramas políticos y sociales del primer mundo están en transformación.

La inestabilidad y la incertidumbre se apoderan de los cuerpos y se instala ahí en el centro de nuestros hogares y en el centro de nuestros pensamientos. Aparece engañosa la añoranza nostálgica de la vida antes del estallido, del consumo desenfrenado, al menos allí teníamos cierto control de lo que vendría al otro día, aunque fuera la absurda repetición de la rutina capitalista. Lugares de confort, de comodidad vuelven como un anhelo desesperado de no saber qué es lo que se avecina. La comodidad de ser dominados nos llevó a la contemplación y a la producción irreflexiva de la sociedad reproductora de una infinidad de injusticias, desigualdades, malestares psíquicos y violencias que transamos por pisar suelo conocido. Cornelius Castoriadis nos decía en 1982 “La mayor parte del tiempo, los esclavos, los oprimidos, se quedaron en su sitio aceptando la explotación y la opresión mientras bendecían a los zares”. Nos sumergimos por mucho tiempo en el sueño del presente, en un absurdo hedonismo insaciable que repite una y otra vez el mito de Sísifo, en los no-lugares de las ciudades del capital.

Sobre la certeza como dispositivo del poder sobre los condenados de la tierra

La certeza se nos ha presentado en las sociedades occidentales como un espacio de seguridad frente al miedo a lo desconocido, como miedo al fantasma del comunismo que vuelve de vez en cuando en una especie de advertencia, como una amenaza: “¡Miren, así les fue en la alternativa al capitalismo!”, clausurando y negándonos otras alternativas. Uno de los triunfos del neoliberalismo ha sido hacernos creer que no existe otra posibilidad, y que de paso toda otra posibilidad es la URSS ¡Una caricatura del absurdo! La incertidumbre se presenta como caos y el neoliberalismo como la rutina y la perpetuidad eterna, las certezas. Las certezas del consumo, de la inmediatez, pero ¿cuál es el precio de esas certezas, de las certezas de la rutina, de las vidas homologablemente repetidas?, la certidumbre en la sociedad patriarcal de las mercancías no es más que un edulcorante de una sociedad que esconde que el costo de esa certidumbre es la renuncia y el encierro de nuestra condición y actividad humana creadora. Es asumir que las emociones que rodean nuestras vidas se dan bajo ciertos parámetros de control del que además tenemos conocimientos limitados y superfluos, dejando fuera una infinidad de posibilidades de acción-creación. Nuestras certidumbres: el estado, el mercado capitalista, la opresión, el miserable sueldo a fin de mes, la explotación, el maltrato empresarial y de sus perros, el estudio, 8-10 horas de trabajo asalariado, la cesantía de vez en cuando, trabajo doméstico, ¿nos condenaremos eternamente a lugares conocidos de la dominación, o seremos capaces de arrojarnos al vértigo de estar vivos, a la emoción y adrenalina de lo incierto, a vivir, a sufrir, a perder y ganar, a crecer, transformarnos considerando la vida en su totalidad, sus dolores y placeres?

La cosificación del pensamiento /vida y una crítica a la petrificación ilusoria de la materia

La civilización occidental nos ha llevado a la cosificación de la vida, nuestro entendimiento y razonamiento ordinario nos ha llevado a significar el mundo de forma estancada, zambullida en el presentismo del mercado nos ha querido despojar de otros tiempos: de la memoria del pasado y de las posibilidades del futuro. Implantándonos no solo el miedo, sino que la imposibilidad del cambio nos hace vivir como si solo fuese posible la certidumbre del capital. No solo nos cosifica transformando nuestro tiempo en mercancía servil a los grandes capitales y su acumulación de plusvalía, volviendo al objeto sujeto y al ser vivo objeto, sino que nos han subjetivado para comprender el mundo estáticamente, fuera de todo movimiento y de toda posibilidad transformadora, fuera de todo cambio. La vida se cosifica, se aliena, es número, estadística, pormenores, perdidas necesarias, (se hace presente Malthus o la teoría de la transición demográfica)2 mientras que las mercancías (el dinero como la mercancía suprema), se personifican, adquieren características de lo viviente, y todo el sistema de producción y reproducción que se organiza en función de las necesidades de las mercancías, de los mercados capitalistas, no de las necesidades humanas. Esa cosificación tiene ciertas características que va otorgando más o menos valor según, sexo/género, clase y raza. Hoy en plena pandemia, las vidas que se dejan vivir y las que se dejan morir, vidas abyectadas del interior constitutivo de la modernidad/colonialidad/capitalista, vidas desechables, vidas que importan, vidas que no, vidas de la no-vida, vidas del HAMBRE, cálculos “racionales de la muerte”.

Frente a este panorama avasallador los lugares de “confort” ya conocidos y el regresionismo vuelven ocupar lugares en las cabezas, y la vida antes del 18 de octubre “atenta con volver con nostalgia a una normalidad romantizada”. Pero si hay algo que nos traen estas dos crisis como regalo, es que nos sitúa y nos da un remesón de realidad, porque además de develar las contradicciones y paradojas propias de la explotación capitalista y volverlas más evidentes, nos sitúa en un devenir incierto y nos recuerda el vértigo de estar vivxs. En este sentido, qué es la vida sino cambio, transformación, mutación, transmutación. Si nos detenemos un segundo y contemplamos la tierra y miramos el cosmos, observamos la naturaleza, nos percataremos que el universo está en movimiento, y ese movimiento es siempre cambio, es transformación. Las certezas que hemos construido de la vida misma han sido ilusorias, ilusorias porque hemos buscado las certezas en metafísicas de la materia, en la mercancía y en la repetición del infortunio de la servidumbre como zona de seguridad, como zona de confort.

Romper con estos patrones implica reconocernos en ese movimiento y transformación, en abrir la puerta a la incertidumbre y a reconocer que la única certeza posible es que todo se transforma. ¡Hasta nuestros propios cuerpos son evidencia y testimonio de la transformación/de la metamorfosis! Desde el nacimiento hasta la vejez podemos experimentar el cambio, y si bien tenemos la certeza de que envejeceremos, tampoco sabemos cómo ni en qué condiciones o incluso si la muerte nos toca la puerta antes. Con todo, las crisis sanitaria y social nos han venido a recordar quienes somos, que estamos vivos y que podemos morir, a conectarnos con nuestros cuerpos, con emociones y sensaciones incómodas. Pero, todas estas experimentaciones podemos habitarlas como oportunidad reflexiva/práctica, de imaginarnos y de saber que otros mundos son posibles. Es la transformación o recurrir a las ruinas y la catástrofe de las certezas capitalistas

De las certezas necesarias y la necesidad de lo incierto.

El cambio es parte de lo importante de la vida, existe, se presenta momentáneamente como un salto al vacío, como incertidumbre y con ello como inseguridad, como vacilación. Sin embargo, necesitamos certezas para nuestra estabilidad psíquica, pero, ¿por qué buscarlas en formas estáticas o cosificadas? Hay dos certezas que podríamos comprender y aceptar para afrontar la experiencia real de la vida: la primera es que todo cambia, que el universo se mueve y con él los astros, el cosmos los cuerpos celestes, nuestros cuerpos, nuestras células se mueven constantemente y con ello los átomos que nos conforman. Y parte de ese movimiento es transformación, es cambio y ello deviene en incertidumbre, sensación que muchas veces se nos presenta como peligro. ¡Que la incertidumbre devenga en emoción, en éxtasis, en posibilidad, en esperanza! Como decía Ernst Bloch (1954), “Peligro y fe son la verdad de la esperanza, de tal suerte que ambos se encuentran unidos en ella, y el peligro no lleva en sí ningún miedo, y la fe ningún inerte quietismo. La esperanza es por eso, en último término, un afecto práctico, militante, que enarbola su pendón. Si de la esperanza nace la confianza, tenemos o casi tenemos el afecto de la espera hecho absolutamente positivo, el polo opuesto a la desesperación”; la segunda y que es parte del peligro de estar vivxs, es la muerte. Moriremos, y eso también es cambio e incertidumbre, no solo moriremos nosotres sino también podemos ver morir a nuestrxs amores y amantes (parejas, familiares, maestrxs, amigues, compañeres no humanes, compañeres, etc). La muerte es incertidumbre pura porque más allá de los relatos míticos que tejen las religiones y los consuelos espirituales que nos dan refugio, lo cierto es que falleceremos, nuestro corazón dejara de latir, y nuestro cuerpo volverá a ser gusanos y tierra, ese devenir en tierra nos da la certeza que dejaremos de existir al menos en la forma que conocemos, al igual que aquellxs que amamos. Sinclair en Demian expresa: “Descubrí el gusto de la muerte; y la muerte sabe amarga porque es nacimiento, porque es miedo e incertidumbre ante una aterradora renovación.” Y la barbarie capitalista huele a muerte, hoy más que nunca se huele su podredumbre, estamos viviendo en la putrefacción. Pero, la amenaza constante de Tanátos, la incomodidad del dolor, la inestabilidad, nos hace recurrir a la necesidad de buscar refugios en lo conocido, en patrones familiares, con los que repetimos nuestras jaulas, cosificamos y negamos la posibilidad al cambio. Hablo del cambio real de estructuras psíquicas, sociales, político/económicas, no del cambio del celular, del computador o de la indumentaria de última moda, virtualidad del cambio de la sociedad del espectáculo que honra la mercancía, hablo de cambiar nuestras prácticas, nuestra psiquis, nuestras formas de relacionarnos, nuestra praxis…

Quizás podríamos aventurarnos a buscar nuevas fuentes de certezas, certezas no contemplativas, sino que activas, podríamos buscarla en los afectos, en las relaciones de cuidado, en nuestra historia, en nuestras memorias, rescatando, contextualizando, dándoles cabida y comprensión para el cambio y la transformación. ¡Qué se derrumbe la certeza del capital y que la incertidumbre devenga en la proliferación creativa e infinita de las posibilidades que tenemos en nuestra existencia!, ¡qué la incertidumbre no nos paralice y que despertemos del sueño de las certezas del hedonismo narcisista y la alienación, arriesguémonos a vivir! Dejemos de normalizar las certezas de violencia, opresión e injusticia, del “siempre ha sido así”, de nuestra comodidad, de la sociedad de control y sus crímenes. Desbaratemos los dogmas del maltrato, las agresiones y su reproducción, sacudámonos del patriarcado, el colonialismo, el mercado capitalista, el Estado, las violencias del ejército y las policías de turno. Busquemos sanación de los dolores propios que estas violencias han hecho en nuestros cuerpos/psiques y en nuestras formas de relacionarnos. Asumamos el reto de estar vivxs, abracemos la incertidumbre como posibilidad, como riesgo de la existencia, como el riesgo de vivir, como el fluir de la vida y despertemos a ella… A comprendernos como parte de la naturaleza y como una especie más que cohabita el planeta, comencemos a movernos despertando y rompiendo con la vida estática, contemplativa y cosificada del encierro capitalista. La incertidumbre como un sentimiento que aflora desde la crisis, puede ser una energía poderosa que potencie la actividad creadora, ¿o seguiremos pensando que no hay escapatoria, y volveremos a instalar los patrones de violencia y servidumbre que ya conocemos como ya lo han hecho tantas veces lxs proletarixs? Como plantea Suely Rolnik “a practicar el pensamiento en su plena función: indisociablemente ética, estética, política, crítica y clínica. Es decir, re-imaginar el mundo en cada gesto, palabra, relación con el otrx (humanx, no-humanx), modo de existir – siempre que la vida así lo exija”

Re imaginar, como capacidad creadora, como práctica, no como éter contemplativo, porque hoy la vida no solo nos exige, sino que nos llama ¡con gritos desgarradores!

 


1 Soma: droga de la felicidad de la novela Un mundo Feliz de Huxley

2 Sobre la teoría de la transición demográfica en América Latina

 

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