Un tipo de Tristeza llamada Miles Davis

Por la naturaleza y espíritu del jazz este texto solo podrá leerse escuchando Kind of Blue de Miles davis (1959), si no lo haces abstente de leer. Sería totalmente innecesario.

  1. So what.
  2. Freddie Freeloader.
  3. Blue in Green.
  4. All blues.
  5. Flamenco Sketches.

Quizá soy esos miedos, quizá ya me pertenecen para siempre.

Mis encías me dolían, las sentía como una úlcera caliente con sabor metálico dispuesta a vaciar todo su contenido en el suelo, a vomitar mis amígdalas, cerrar mis ojos y quedarme inconsciente ahí mismo. Mis dientes estaban en el suelo, a eso de veinte centímetros de mi cabeza rota. Desde mi ángulo podía ver una hilera de sangre avanzando que llegaría en unos segundos a la la húmeda calle. Sentía solo unas risas que se mezclaban con susurros y motores de autos arrancando de otro incidente del azar.

Mi memoria se fracturó al igual que mi cráneo, creó algunas lagunas que en los meses siguientes rellenará mi imaginario con placebos imaginarios, placeres para tapar la vergüenza y el dolor de ser humillado una vez más. Podía sentir las trompetas de un apocalipsis que se liberaría en mi mente los siguientes años, mi propio infierno mental. Pasarían años para enterrar con las manos temblando esos mismos dientes en ataúdes del olvido forzado.

Y saber que antes de eso me sentía importante, como no sentirme de esa forma si había callado por algunos momentos esos gritos y silbidos que algunas veces alimentaban esos rincones oscuros de la mala muerte. Había pasado de ser el negro más importante de estas tierras a ser solo un negro humillado más, solo sería recordado por la misma televisión como el rebelde que se atrevió a fumarse un cigarro en la cuadra de los blancos, gesto que los policías no vacilaron en contrarrestar con un certero golpe en la nuca después de dos advertencias hundidas por algunas risas cínicas.

Toda mi vida la he pasado en el silencio del escenario, lanzando algunas palabras distantes a la gente mientras me calentaba las manos en las madrugadas del invierno neoyorquino, pero esa distancia era cómplice de interminables horas improvisando y dejando sudor y sangre en esos ritmos sincopados, solo que esta noche solo sería la sangre mucho más roja. Nunca es suficiente para dar en estas calles.

Y ahí es donde viene el desvarío y la culpa de nuevo, arrastrándome a tormentos mientras repaso esa noche una y otra vez, desde todas las perspectivas posibles, hasta me veía algunas veces con la gorra policial, golpeando mi reflejo que me miraba temeroso desde las sombras. Desde todos mis miedos. Y veía a mi idéntico a los ojos unos segundos, desafiándolo a moverse un centímetro, a seguir dudando, a lanzarse al vacío una vez más. Ahí estaba otra vez él, mirando como la autoridad manoseaba mi piel marginal color tierra. Tierra de libertad malgastada y rematada a algún sueño alquilado.

Y ahí apareció la música, rebelde y de lenta combustión. Cocinándose lentamente en mi interior, en mi úlcera ardiente de dignidad.

Al final del día solo el jazz calma la ira, la rabia me raspa la espina dorsal hasta que suenan los bronces. Ahí puedo ser el de los primeros años, valiente y sin titubeos, inventando lugares y personas que rediman los temores de esos días. Porque más que miedo quizá soy mi música. Soy jazz.

Nota al pie de página: El 26 de Agosto de 1959 después de su actuación en el Birdland en Nueva York, Miles Davis es interceptado por un Policía de raza blanca que le ordena que circule ya que no es una zona para gente de su tipo. El trompetista se niega, argumentando que trabaja en tal Club de Jazz, indicando su nombre en el cartel del lugar. De inmediato aparece un segundo policía, también de raza blanca, que inicia una brutal agresión hacia el músico. Miles Davis es arrestado y trasladado primero al hospital y luego a la Comisaría 54 del estado, acusado de resistencia al arresto y agresiones no comprobadas. Después de este incidente le quitarán la licencia que le permitía trabajar en los diferentes clubes de Nueva York. Este antecedente haría que la carrera e intereses del trompetista girara hacia la responsabilidad racial, además de cultivar un rencor hacia las injusticias policiales frente a su raza.


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